miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 2


        Me senté en la cama, la cual rechino un poco e hizo que Verónica se despertara, ella me miro y me saludo, yo le devolví el saludo, mire el reloj que estaba al lado del televisor y eran las once y media de la mañana. Comencé a pensar en el sueño que tuve, porque no pude simplemente abrazar a Erika, después de unos cinco minutos entró un médico y detrás venía una enfermera.

        Señor Maxwell- dijo mirándome a la cara

        Dígame-

        Su operación fue todo un éxito- podía notar una sonrisa por parte del doctor, al parecer fue una operación de muy alto riesgo.

        ¿Este… de que me operaron?- no me acordaba de absolutamente nada.

        Señor, usted pasó por un trasplante de corazón-

        Me quede callado por unos segundos, esos segundos poco a poco se volvían minutos, ¿trasplante de corazón? ¿quién habrá sido el imbécil que me dio su corazón?

        Doctor, ¿puedo saber quién me dio su corazón?- Quise salir de dudas

        Claro- la enfermera le paso una carpeta y de esta saco una hoja la cual me la pasó a mi- ten, el fue quién te donó el corazón.

        Lo vi, por un momento sentí tristeza, pero luego me alegre al saber que no era nadie conocido. Le devolví la hoja al doctor y se retiro, estaba muy alegre. La enfermera se quedo.

        No te puedes mover ni parar, no hagas que tu corazón nuevo bombee mas sangre de lo que estaba acostumbrado, espera en cama una semana más.

        Espera, ¿me estas diciendo que debo estar aquí una semana más?-

        Si- me dijo la muy descarada, aproveche que ella estaba hay, y me senté en el borde de la cama, coloqué un pie en el piso, la enfermera me comenzó a obligar a quedarme en cama, pero yo por ser un poco mas grande y robusto que ella no fue problema quitármela de encima. Me paré erguido, tenía mucho tiempo que no me paraba así, hasta había olvidado lo que se sentía ser tan alto, escuché un golpe, miré al frente ya que había bajado la cabeza para poder verme los pies, y pude notar que entro Marissa.

       ¡Hey! ¡La enfermera te dijo que no te levantarás!- había llegado una persona que de la misma forma que la quiero le guardo rencor… mi prima.

       ¿Cuando me has visto haciendo caso?- le contesté colocando el dedo índice en mi ceja derecha y alzándola ya que no conocía tan complicada física como la de levantar una ceja.
Bueno, tienes razón- se callo y se quedo parada en la puerta, la enfermera salió de la habitación refunfuñando.

        ¿Qué haces aquí?- me impresionaba de que ella supiera de mi existencia

         Vine a visitar a mi primo favorito, ¿o acaso no puedo?- ella si sabe la ciencia que se esconde en levantar una sola ceja, cabe resaltar que ella si lo hace muy bien.

        ¿Y ahora soy tu primo favorito?- me volví a sentar en la cama ya que me estaba cansando mas rápido que antes.

        ¿Qué te pasa?- miré como Verónica y mi madre salieron de la habitación dejándome a solas con Marissa.

        Nada, déjalo así… sabes que, me da rabia de que ahora resulte ser tu primo favorito cuando hace unos años atrás solo existía cuando estaba muy aburrida y no estaba Eliel en tu casa. Siempre me dejabas atrás y yo era el último para todo, en la familia siempre iba el primero que yo y ¡mira que nos agradece tanta atención!- comencé a gritar.

        Si, lo sé, solo que el…- se callo, mi prima la persona mas difícil de hacer silencio en toda mi familia se ha callado.

        Si, lo supuse.- me acosté en la cama mirando a la ventana, el día estaba nublando y con una ligera llovizna. 

        Ella se sentó en una de las sillas e interrumpió el silencio que ella mismas ocasionó.

        ¿Qué ha pasado con… Erika, si no me equivoco?- Esa persona la causante de mis desvelos y la culpable de mis lagrimas, como también la protagonista de mis sonrisas.

        Tengo mucho tiempo que no hablo con ella- fue lo que logré decir puesto que se me había formado un nudo en la garganta.

        ¿Pero aun la amas?-

        No sé, de todas las personas que conozco, de todos los tipos de psicologías que estudié, de todas las formas que puedo hacer persuadir a una persona, ¡ella! ¡Me cuesta sacarle una sonrisa a ella!- le grite dándole un puñetazo al vidrio de la ventana.

        Jajaja me río, ¿y que piensas hacer?-

        Cuando tenga la oportunidad de salir de aquí pensaré en lo que pueda hacer- mi cabeza daba vueltas, escuché como Marissa se levanto de la silla, me voltee y saco de su cartera unas cuantas entradas para ir a una feria.

        Puedes ser lo inteligente que tú quieras, pero yo soy mucho mas precavida que tu- me dijo dándome un golpe en la frente.

        ¿Sabes que no te las pagaré verdad?- guardé las entradas lo antes posibles para que no me las pudiera quitar después.

        Lo sé, solo que Erika me impresionó, te dejó sin vida, ahora solo piensas en ella y sé que en este momento ya estás pensando que hacer cuando estés a su lado… ha y su número te lo dejé en la parte de atrás de una de las entrada, yo también e hecho mi tarea. Nos vemos luego tarúpido- se despidió moviendo su mano de lado a lado.

        Cuídate tarada- dije con una sonrisa. Al salir Marissa entró mi madre y Verónica <<Ya va… Marissa me dio ocho entradas, ¿Qué voy…? Cuando la vea otra vez, la mataré>>. Miré la hora y ya eran las dos de la tarde, mi madre entró con uno de mi ritual favorito y más respetado por mí, el almuerzo. Al terminar de comer, me levante de la cama, caminé un poco y llegue hasta la puerta, me miré en un espejo que había al fondo del pasillo que estaba conectado con la puerta y pude notar que me veía horrible con una bata de hospital. Volví a dentro del cuarto con la mirada baja, por tal imagen, busque en el closet que estaba al fondo de mi cama y estaba la ropa que yo normalmente uso, una camisa manga larga, unos jeans y mis converse, me quité la bata, miré hacia atrás y noté que Verónica había girado la mirada hacia atrás para no verme, yo solo me pude reír, noté en mi pecho algo inusual, una gran cicatriz, me pase la mano y solo podía pensar en la persona que me dio su corazón, solté un gran suspiro y continué colocándome la ropa. Ahora sí me sentía yo mismo. Busque las entradas y miré la fecha de la feria… otra razón mas para matarla, la feria era esta noche, a las seis exactamente, miré la hora nuevamente y ya eran las cuatro de la tarde. Le pedí a mi madre que me trajera una bandeja de chocolate grande, ella me miro con una cara de “que te pasa ridículo, esto no es un restaurant” pero Verónica la tomó por el brazo y la llevo a la cafetería del hospital, yo tomé un poco de dinero de la cartera de mi madre y me salí por la venta del hospital, mi condición física no había cambiado mucho, corrí un corto trecho y me paré en la avenida, mientras llamaba a Erika… tenía mucho tiempo que no hablaba con ella… tomé el teléfono y marque el número que estaba detrás de la entrada. Estuvo repicando como por diez segundos. Hasta que…

        ¿Aló?- era ella.