lunes, 19 de noviembre de 2012

Capítulo 11



        La tenía rodeada con mi brazo izquierdo, la acariciaba el abdomen, en ocasiones le hacia cosquillas en el ombligo y luego la seguía acariciando, a veces me hipnotizaba el perfume de su pelo, sinceramente adoraba estar con ella. Aún era de noche así que me volví a quedar dormido abrazado a la mujer que futuramente sería mi esposa… o eso espero yo.

        Abrí lentamente los ojos, me dolía la cabeza, mire para el lado vacío de la cama, estaba todo arrugado, Verónica se había levantado, toqué y aún estaba caliente, no fue hace mucho… Me estiré y me senté en el borde, busqué mis sandalias y me las coloqué me paré de la cama, me dirigí al baño y me cepille los diente, fui hasta la cocina, la vi preparando el desayuno, me acerqué lentamente, la abracé por el abdomen, estaba detrás de ella, cabía resaltar que no le gustaba la cocina así que hizo lo más rápido que había, pan tostado.

        Buongiorno amore mio- Le dije lo único que sabía decir en italiano en la patita del oído, mientras le acariciaba la barriga.

        Ella soltó una leve carcajada y se volteo y junto sus labios grandes y húmedos con los míos. Me separé lentamente de ella. –Buenos días corazón- me dijo dándome otro beso.

        Yo la solté y tomé un pan, me lo metí en la boca y le dejé una sonrisa a Verónica, fui hasta el comedor y me senté, bajó mi madre y saludó a Verónica, ella hizo lo mismo. Me levanté de la mesa y fui a lavar los platos al terminar me paré al lado de Verónica que estaba acostada en el sofá, la tomé por la mano y la lleve nuevamente a mi cuarto, subiendo las escaleras vi a Marissa, tenía una cara un poco… amorfa, bueno cabía resaltar que su pelo no le favorecía mucho porque se estaba despertando.

        Hola- saludé, no mostraba mucho afecto hacia mis primos y familiares, solo los gemelos y Alex podían disfrutar de esta virtud… y también Erika… No debía de pensar en ella ya que estaba haciendo lo posible para tratar de no sufrir por su causa.

        Al llegar al cuarto, cerré la puerta y le pasé el seguro, me costé en la cama con Verónica, era domingo así que no tenía mucho que hacer y podía pasar toda la mañana con ella.

        Te amo- le dije susurrando al oído, mis fríos labios rozaban su cálida oreja.

        Yo también te amo- me dijo volteándose y concediéndome un beso, me tomó por detrás del cuello, yo hice lo mismo, sonreíamos mientras nos besábamos. Ese momento era simplemente perfecto. Tomé el edredón y me arropé hasta la cabeza, igual que ella, ambos quedamos debajo del edredón. Quedamos en un silencio absoluto, solo nos mirábamos a la cara, su delgado cabello caía y tapaba en parte sus ojos.

        Quiero un hijo de ti- su voz parecía temerosa y cálida.
        
        Yo también quiero que seas la madre de mis hijos- le dije mientras le acariciaba el vientre.- ¿Cómo se llamará nuestro hijo?... bueno quiero un niño y una niña.

        El niño se llamará Sebastián y la niña… no sé-

        Quiero que la niña se llame Stephanie Sophia- le dije con un tono de voz bajo.

        Me pegué más a ella, mi pierna derecha quedo entre sus piernas, pegamos nuestras frentes y luego nuestros labios, no fue un gran beso, pero si fue un gran momento. No sabía cuanto tiempo había pasado, solo que ya era de tarde, me levante y ella aún seguía dormida, bajé nuevamente a la cocina a ver que había para almorzar ya que el desayuno no fue suficiente y vi a la hermana de Marissa, Cecilia.

        Holaaa- la salude con un fuerte abrazo, y se volvió a sentar en el sofá al lado de su hermana. Fui hasta la cocina y sentí como alguien bajaba las escaleras, me asomé y era Verónica.

        Hola- Verónica saludó a mis dos primas, Marissa contestó sin darle mucha importancia mientras que Cecilia se quedó boquiabierta.

        ¿Quién eres tú?- le preguntó Cecilia a mi novia, eso de alguna forma me molestó mucho.

        Ella es mi novia, si, tengo novia y acostúmbrate a verla aquí.- le dije mientras abrazaba por la cintura a Verónica desde su espalda.

        ¿Osea que ustedes dos durmieron… juntos…?- preguntó aún más sorprendida.

        Si y fue maravilloso- después de decir esto solté una pequeña carcajada y escuché a Cecilia asqueándose.

        Hey tonto, ¿Qué vamos hacer esta noche?- me preguntó mi prima menor mientras me tomaba de la mano.

        Nada- dije y seguí buscando algo para comer.

        Si me prometes que vamos a jugar a algo esta noche te digo donde escondió tía la comida- odiaba cuando me sobornaban de esa manera.

        Aja… ¿Dónde está la comida?-

        Tía la guardo en el último cajón de la nevera al final, y cito: “Si Alexander llega a encontrar la comida díganle que se coma un poquito porque ahora voy a llegar yo con mas comida y esa que esta ahí es mía”.- repitió todo lo que dijo mi madre, parecía una grabadora.

        Okey, okey- le dije mientras movía mi mano y llevaba un plato de comida hasta la mesa, me senté comer y Cecilia comenzó a hacerle un interrogatorio a Verónica… ella a veces me saca la piedra… no es como Marissa, que solo saludó a Verónica y ya.

        ¿Y dime, te gusta mi primo, lo quieres, lo amas, estarías dispuesta a dar tu vida por él…?- le lancé un trozo de carne en la cara para tratar de callarla, pero al parecer no fue suficiente -dime...- continuó.

        Le di un bocado de mi almuerzo a Verónica, era arroz con carne asada y puré de papas. Verónica masticó y seguimos comiendo los dos del mismo plato, luego fuimos otra vez hasta mi cuarto, cerré la puerta, y luego se volvió a abrir. Miré hacia atrás ya que estaba de espaldas y seguía Cecilia, era increíble lo molesta que puede llegar a ser esa niña de siete años.

        ¿Ahora que quieres?- pregunté.

        Nada, solo vengo a ver que todo esté en orden y no pienses sobre pasarte.- tenía una cara seria, no aguantaba la risa y le hice burla, a ella le molestaba mucho eso. Cerró la puerta de golpe y se fué. Yo prendí el televisor y coloqué una película, Verónica tenía abrazado a mi peluche gigante de Patamon. Se veía demasiado hermosa con ese peluche y en su pijama, me acosté otra vez en la cama al lado de ella y comenzamos a ver Más allá del cielo, era un película que además de vieja me hacía llorar y pensar en muchas cosas, como por ejemplo, ¿Qué hubiese cambiado si yo hubiese crecido con hermanos?, Erika me ha respondido muchas veces esa pregunta, aunque simplemente quería escuchar un “Me tienes a mi, a tu hermanita pequeña...” solo me decía que hubiese cambiado mucho, no sería la misma persona que soy ahora, ya que al crecer sin hermanos desarrollé un instinto de sobre protección hacia la mayoría de las persona que están a mi alrededor.

        Hey, ¿mañana no es el cumpleaños de una de tus hermanas?-me preguntó Verónica.

        Este… cierto…- me extrañaba que aún se acuerde de la vez que le hable de mis “hermanas”. Realmente una de ellas si era hermana de sangre, mientras que la otra es una hermana de crianza, el primer día que llegó a mi familia ella tenía como tres años y yo tenía como siete…  [Hola…- se me acerco una extraña niña, ojos grandes pelo liso, a simple vista mostraba inocencia, tenía a mi prima a mi lado, Marissa, miraba sorprendida a la nueva integrante de nuestro circulo familiar.

        Hola- le respondí sin si quiera mirarla.

        Mi papá me dijo que yo seré tu hermanita-  me dijo esa pequeña, no sabía que expresión mostrar si asombro o repugnancia, Marissa, en cambio ella estaba emocionada por su nueva “prima”.

        Aléjate de mi- le dije, era impresionante lo que yo podía decir con tan solo siete años de edad y sin ningún tipo de emoción, me daba igual, solo no quería que se interpusiera en la poca confianza que le tenía a mi padre.- Déjame decirte que tú nunca serás de esta familia, así que te puedes ir por donde viniste, crecí solo y no necesitaré nada de ti, solo me estorbarás.- ella se fue llorando, Marissa me dió un golpe en la cabeza, creo que me quiso decir que eso no estaba bien. Pero como siempre la ignoré] Esos recuerdos… me senté en la cama, Verónica se puso detrás de mi y me abrazo fuerte.

        No sé si algún día yo vaya a querer a ellas dos como hermanas, es que… por ellas no siento lo mismo que por Erika… Entregar mi vida por ellas dos, lo tendría que pensar un millón de veces, pero entregar mi vida por Erika… mi hermanita… todas las veces que fuese necesario- le dije mientras lloraba, me sentía patético cada vez que hacia eso, mis tíos me dijeron “Nunca llores, solo así tus enemigos verán que tan fuerte eres”, ahora menos que nunca me sentía “fuerte”, quería morir ya, no podía seguir intentando, el humano se cansa, yo me cansé, siempre estuve sólo, nunca me importó la soledad, pero ahora necesito abrazos de todos y saber que soy importante para al menos una persona.

        Estoy yo… para un abrazo o cualquier cosa que necesites de mi, sabes que siempre estaré a tu lado-

        Lo sé, se que nunca me fallarás, pero siento un vacío en mi pecho, ese vacío se llena solo cuando estoy con Erika, ese es el vacío que dejó mi padre al irse, el vacío que creció mientras yo también lo hacia. Un odio cada vez mas fuerte me dominaba pero yo podía controlarlo, ese ser que en ocasiones me llama inmaduro… me dan ganas de decirle lo mismo, yo si tengo bases para llamarlo inmaduro, él no.

        Te amo-

        Yo también te amo…-

lunes, 12 de noviembre de 2012

Capítulo 10



        Pero… ¡HA! Eres un idiota por estar en mi misma situación- me gritó mientras se agarraba la cabeza con fuerza- déjala, no sabes el daño que te hace, ¿Por qué la amas tanto? ¿Que hizo ella? ¿Movió una montaña por ti? ¿Te enseñó a leer y escribir?-

        Déjame decirte… que… ¡SI!- le grité, estaba cansado de que ella me dijera que hacer cuando el simple problema de ella era que no se atrevía a enfrentar a su “amor” no sabía ser fría, seca, ese era su problema… pero el mío… ya sé que no tengo salida, estoy estacando en este laberinto… pero me encuentro rasguñando las paredes parar tratar de hacer mi propio camino… pero las paredes son de concreto solido, reforzado con vigas de acero y tiene incrustaciones de diamantes… claro estoy exagerando un poco.-Yo la amo, aún no sé como, ¡pero no quiero que nadie le haga daño, no soportaría verla sufrir ni nada por el estilo, por cada lágrima que bota siento que me destruyen a mi, no quiero que nada malo le pase, quiero ser yo quien le enseñe todo acerca de la vida!- me descontrolé, comencé a llorar.

        ¿Y ahora por qué estas llorando?- cabe resaltar que era la primera vez que ella me veía llorar.

        Por nada… sal de mi cuarto por favor. – le dije mientras me levantaba de la cama y abría la puerta.

        De cualquier forma ya me iba- se retiró.

        Volví a mi cama apoyé la cabeza en la almohada, miré la hora y eran las dos de la tarde, decidí dormir un rato, para relajarme… No estaba preparado para el sueño que tuve.

        Abrí los ojos de golpe y me encontraba en un bus, miré para todas las direcciones, al parecer habíamos ido de excursión, miré hacia la parte de adelante del autobús y vi a una profesora mía… solté una pequeña sonrisa. Caminé hacia la parte de atrás sosteniéndome de las barras que estaba en el techo. Al ver un puesto vacío me senté, miré hacia afuera, y luego vi hacia más atrás del bus, estaba Erika, me levanté y la fui a saludar.

        Me senté a su lado –cuánto has crecido- rompí el incomodo silencio.

        Hola- dijo con un tono de voz suave, me miró y pude notar que tenía los ojos rojos, me levanté y me puse en cunclillas de frente a ella.- quedaré sola una vez más-

        No, no lo harás… yo siempre estaré aquí, para ti y te cuidaré- dije mientras le quitaba las húmedas lágrimas del rostro.- Te amo- fue lo último que dije antes de despertar… Me desperté con varias lágrimas en el rostro, me las quité.

        Me senté en la cama y volví a ver la hora, solo pude dormir media hora, me levanté de la cama y fui hasta la cocina, bajé las escaleras y me preparé el almuerzo. Me senté en la mesa a comer, estaba solo o eso creí hasta que vi otra vez a Marissa.

        Creo que te dije que te fueras…-

        Si, lo sé, pero tú no mandas en esta casa, es tía así que me puedo quedar todo el tiempo que quiera-

        Pfff- volví hacia mi almuerzo y seguí comiendo.

        Mientras dormías, me metí en tu computadora… eres muy tonto al no colocarle clave, bueno, vi el video de “Arigato nee-chan”, me gustó bastante ¿y a ella le gustó el video?-

        Si- trague solo para decir eso.

        Mmmmmm…. ¿Me imagino que el gracias fue muy grande verdad?- esta desgraciada…. Como supo… odio cuando lee mis movimientos tan fácilmente, nunca le debí haber mostrado esa serie… Death Note, aumento sus habilidades de deducción-

        No, solo dijo que le gusto mucho- seguí comiendo, me metí un último bocado de comida.- solo quería escuchar un “Arigato Onii-chan” solo necesitaba eso para ser feliz… nunca lo dijo… quiero irme de este mundo, olvidar todo, dejar de sufrir.

        Tienes que aprender a manejar el sufrimiento… trata de pasar mas tiempo con Verónica… y ¿a ella también la amas?-

        Si… pero no de la misma forma en que amo a Erika… a Verónica la amo como una novia, pero a Erika… la quiero como una hermana o si se puede decir así, ¡bueno ya no sé en que pensar!

        Llama a Verónica…  invítala a ver una película de terror y así te distraes, ¿okey?- yo accedí y tomé mi teléfono e invite a Verónica, ella me dijo que sí al instante aunque odiara las películas de terror, vendría en la noche a quedarse a dormir conmigo, amaba esas noches que estábamos los dos juntos, sentía como alguien me amaba. Al caer la noche mi prima se fue dormir a su cuarto… bueno ese era el cuarto de visitas pero ella lo había tomado. A eso de las diez de la noche llegó Verónica a mi casa, le abrí la puerta y la recibí con un cálido beso y un abrazo. La tomé por la mano y me coloqué en la espalda el bolso que ella traía, fuimos hasta mi cuarto. Ella se tiró en la cama y se arropo con mi edredón.

        ¿Qué película vamos a ver?- me preguntó mientras se acurrucaba más en mi cama, cabe resaltar que mi cama era una cama matrimonial, bastante grande.

        Una de terror- al terminar de decirle eso se levantó tomó sus cosas y comenzaba a salir del cuarto. –Miedosa…- dije en voz baja, ella se devolvió dejó las cosas en donde estaba y se volvió a meter en la cama.

        Pon la película ¡ya!-me dio una orden, yo aguantaba la risa. Coloqué la primera película de terror que vi en mi estante y luego de un salto caí en la cama al lado de ella. Me tapé con mi edredón. Y comenzamos a ver la película. Era bastante fuerte, consistía en una muchacha que se le muere toda su familia en una noche y no sabe por que pasó eso, comienza a investigar y mientras mas se da cuenta de las cosas aparecen fantasmas horribles y cosas extrañas. Sinceramente para mí era muy cualquier cosa, pero no podía decir lo mismo de Verónica, ella estaba aterrada, me agarraba la mano con mucha fuerza, así pasamos toda la película agarrados de la mano. Termino la película y desde donde estaba acostado apague el dvd, miré a Verónica y se podía notar que iba por el quinto sueño, estaba dormida en posición fetal, tenía mi mano agarrada con fuerza, me estaba dando la espalda. Yo me acosté de la misma manera que ella, mis rodillas tocaron la parte de atrás de las de ellas, mi pecho se posó sobre su espalda, mi rostro quedó oliendo el perfume de su pelo.

        Te amo- le susurre al oído.

        Yo también- escuché un intento de habla por parte de ella.

        Yo te amo más- le respondí.

        Ya duérmete- me dijo apretando más mi mano.

        Está bien- posé mi cabeza sobre la almohada y caí en los brazos del sueño.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Capítulo 9



        Al terminar de ver el juego me fui hasta mi cuarto nuevamente, eran eso de las once de la mañana, así que prendí la computadora y me senté a jugar un rato y ver videos de canciones, me coloqué los audífonos, eran lo suficientemente grandes como para cubrirme las orejas, eran de color negro con toques blancos. Comencé a escuchar Lullaby de Nickelback, le subí todo el volumen, era la primera canción que había escuchado de ese grupo, después escuché la de photograph, savin me, far away. Cada canción me describía en cierta forma, yo creo que si combinamos las letras de todas las canciones de nickelback haría la sintonía perfecta. Después de un rato de haber escuchado varias canciones me conecte en msn, estaban las cinco típicas personas conectadas entre esas estaba Verónica, la salude y comenzamos a hablar, siempre nos hacíamos las mismas típicas preguntas, no salíamos de la monotonía. Después de unos treinta minutos hablando de lo mismo observé la hora y me despedí, tenía que ir a clases de natación así que me coloqué el traje de baño porque en la piscina no me podía meter en shorts, me coloqué una franelilla negra que me quedaba sumamente pegada y un mono, en un bolso guardé mi toalla y el bloqueador. Bajé las escaleras y fui hasta el garaje, me monté en mi carro y salí de la casa, conduje por unos treinta segundos y salí de la urbanización. Conduje por treinta minutos hasta llegar al centro de natación, tenía varias piscinas, todas olímpicas de más de cincuenta metros. 

        Dejé mis cosas en las gradas y me quité la ropa quedando solo en traje de baño, me coloqué los lentes para el agua, aunque el cloro no me molestaba en lo absoluto prefería nadar lo mas cómodo posible.

        Llegué hasta la piscina en la que siempre nado, me arrodille y comencé a calentar el cuerpo, estiraba los brazos y luego las piernas, me coloqué en el borde, y di un salto hacia dentro del agua, caí con un clavado perfecto. Comencé a nadar, me sentía como pez bajo el agua, adoraba hacer eso, el agua se resbalaba por los costados de mi cuerpo, poco a poco iba soltando el oxígeno que tenía, cuando me quedaba poco saqué la cabeza y con esta los brazos, ya que iba en posición de flecha, me tocaba hacer estilo mariposa, el estilo que toda mi vida me costó ya lo dominaba por completo. Así pasé lo que quedaba de mañana, al salir de la piscina al baño para cambiarme me detuvo una persona me voltee y vi que era Nani, bueno así solía decirle su nombre realmente era Sofía.

        Hola- la saludé con una sonrisa en mi cara.

        Holiiis- me respondió, ella siempre ha sido una persona muy bella en sentimientos y físico, tenía todo lo que yo buscaba, pero algo me decía que no era para mí- te vi nadando… lo haces muy bien- dijo elogiándome.

        Gracias… creo- seguí caminando hacia el baño dándole la espalda, ella se quedó atrás de mí, no sé si se fue o se quedo parada ahí.

        Me cambié, me coloqué la ropa con la que vine, y me fui hasta mi carro, guardé todo en la parte de atrás y me monté. Encendí el motor, y miré hacia dentro del complejo de natación, la vi a ella, sola guardando sus cosas, pegué mí frente al volante. Salí del carro y camine hasta donde estaba Nani.

        Hey, ¿te ayudo? Se ve pesado- le dije con un tono cariñoso, me costaba mucho utilizar ese tono de voz.

        Es-está bien, toma- me dio una bolsa mientras tartamudeaba, se veía pesada pero no era algo que yo no pudiese controlar, tomé la bolsa con fuerza y la coloqué en mi espalda, caminé al lado de ella acompañándola.

        ¿Con quién te vas?- pregunté.

        Me voy caminando- yo solté un suspiro ante su respuesta.

        Yo te llevo- abrí la maleta de mi carro y guarde las cosas de ella junto a las mías. Se montó en los asientos de atrás, yo me quedé mirándola, estaba roja, creo que estaba un poco apenada.

        Yo no soy chofer de nadie, pásate para el asiento de adelante- se bajó del carro y se sentó adelante, se colocó el cinturón de seguridad. La lleve hasta su casa, ya sabía donde vivía porque la había traído varias veces. Se bajó del carro y yo la ayudé con la bolsa, esperé a que entrara a su hogar y me devolví hasta mi casa. Deje el carro afuera, le coloqué el seguro y entré a mi casa, pude notar que mi prima estaba en la cocina preparándose algo.

        ¿Qué haces aquí?- pregunté sin darle mucha importancia.

        Nada, vine a visitarte, fui hasta el hospital pero como no estabas vine para acá a visitar a mi tía y me dijo que tú estabas aquí.

        Mmmm… okey- seguí caminando y subí a mi cuarto, dejé las cosas en la cama y me senté en la pc. Escuché la puerta de mi cuarto abrirse y entró mi prima con un tazón bastante grande de cereal.

        ¿Qué haces?- preguntó.

        Me cepillo los dientes no ves- dije lo mas sarcástico que pude.

        Tarupido- dijo metiéndose una cucharada de cereal a la boca.- Quítate quiero ver que tienes en tu computadora- me levante de la silla y ella se sentó, coloco la taza a un lado y se metió en mis documentos, miró con detenimiento cada carpeta y vió una con un nombre “prohibido abrir”- PORNOGRAFÍA- dijo en voz alta con una cara de asombro, yo solo deje salir un suspiro.

        Sabes que yo no soy de esos hombres que tienen siete gb de pornografía en su computadora, ¿para que insinúas eso?- me acosté en la cama y prendí el televisor.

        Era jugando…- se quedo callada- ¿puedo abrir esa carpeta?                                                  

        ¡NO! Ni se te ocurra Marissa- le grité y luego bajé el tono de voz.

        Ella como siempre, nunca me va a obedecer aunque sea mayor que ella por tres meses. Así que lo abrió y comenzó a leer todas las cosas que estaban ahí.-“Una nota en dos partes- parte 1” “Una nota en dos partes- parte 2” “Felicitaciones de Eri”- decía en voz alta y luego vio cada una de las imágenes que estaban ahí. –Tonto- dijo con un tono de voz bajo – ¿Por que sigues intentando acercarte a ella? ¿Eres idiota acaso? Hey, escúchame-

        Si, lo sé, soy un grandísimo Idiota por la simple razón de amarla… ¿o a ti no te pasa lo mismo?

jueves, 8 de noviembre de 2012

Capítulo 8



        Conduje por toda la ciudad hasta llegar a lo que sería mi cuarto hogar desde que nací, era una casa bastante grande, dejé el carro en el estacionamiento, vivíamos en una urbanización cerrada y con cámaras en cada esquina, así que no me preocupaba el dejarlo abierto. Entré a la casa, me di cuenta que mi madre ya estaba ahí porque las luces de la sala estaban prendidas igual que las de la cocina, subí por las escaleras hasta llegar a mi cuarto, gire la manecilla y empuje la puerta, pareció que la hubiese abierto en cámara lenta, me tarde unos treinta segundos en abrirla, prendí la luz y vi que todo estaba tal cual como lo había dejado, la ropa tirada por debajo de la cama, los cuadernos de la universidad regados por todas partes, entré poco a poco, supuse que mi madre estaba en su cuarto dormida, así que no quise molestarla, me quite los zapatos y los dejé a un lado del pié de cama. Me acosté sin quitarme mas nada, me quede viendo el techo, no había cambiado de color desde que me mudé, era un blanco depresivo, si… ya que cada vez que lo veía me bajaba el autoestima a menos diez.

        Posé mis manos detrás de mi cabeza, recogí mi rodilla izquierda, dejando la derecha extendida, comencé a pensar en mis errores, luego vi hacia la izquierda del cuarto, había una foto en la que salíamos todos mis amigos en el último día de clases, todos sonriendo… hasta yo sonreía. Hace siete años atrás, cuando entré en ese liceo no se me había pasado por la cabeza el día de mi graduación debe de ser que aún lo veía muy lejos. Ese día todos estábamos llorando por que supuestamente no nos veríamos jamás o al menos muchos no lo harían. Ese día muchos me abrazaron, personas que realmente no eran nada para mi se tomaron la molestia de darme un poco de afecto, llegaban a mi con los ojos hinchados de tanto llorar, yo solo los abrazaba, “¿por qué me cuesta tanto llorar?" crecí sin demostrar sentimientos… no había a quién demostrarle que podía llorar, me acostumbré a no llorar, a ser una persona seca sólo por mi madre, ella hacía todo lo posible para darme de comer y no la podía desanimar, así que tuve que desarrollar una carcasa que demostrara frialdad”, pensaba mientras aún veía esa foto… y todos los recuerdos de aquella noche llegaron a mi mente… la forma en que Erika me miró a los ojos llorando, sus grandes y voluminosas cuencas penetraron mi alma, me sentía desnudo “Nada de esto es tu culpa por favor” recuerdo aquellas palabras mientras me colocaba sus cálidas manos en mis mejillas, yo solo la tenía agarrada por la cintura, pegué mi frente con la de ella, me seguía mirando, me sentía invadido, era la primera vez que tenía esa sensación, ella sin previo aviso me abrazó, podía notar como su abrazo me decía un “te necesito” me quede parado por un segundo y luego la abracé aun más fuerte, no la quería soltar, sabía que a partir de ese momento nuestras vidas cambiarían, cada uno se iría por su lado… Después de un continuo pensar me levanto de la cama y me quito las lágrimas que tenía en la cara, miro todo mi cuarto, desde ese momento desee que Erika estuviese a mi lado con uno de sus abrazos que siempre me dejan deseando más. Caminé hasta la puerta y salí de mi habitación bajé las escaleras y fui hasta la cocina, me preparé unos sándwiches, jamón, queso, queso amarillo y el pan de sándwich y eso era todo lo que necesitaba para preparar otro de mis grandes manjares, solo me comí dos por lo tarde que era y no tenía mucha hambre. Me devolví a mi cuarto y me acosté a dormir.

        Al abrir los ojos me encontraba en la casa de mi tía, mire hacia todos lados y pude notar que estaba en la cama del hijo mayor de mi tía, me levante y caminé un poco, bajé las escaleras y llegue a la sala, ahí estaba ella, jugando con uno de los gemelos, cabe resaltar que mi tía tiene cuatro hijos, el mayor de once años, el que le sigue de cuatro años y los dos últimos que son gemelos de tres años.

        Hola- salude, ella alzó la cabeza y aún jugando con el gemelo me respondió un “hola” muy cálido. Ian el mayor de los gemelos se acercó a mi y me grito “Ane” yo simplemente dije “hola nian” solía llamarlos por sobrenombres, el mayor le decía por su nombre Nerio, a Alex le decía aye, a Ian nian y a Isaac le decía itaa.

        Verónica se levantó y me abrazó, amaba cada vez que hacía eso, yo hice lo mismo y la abracé, le di un beso en la parte superior de su cabeza, eso simboliza para mi un siempre te voy a amar, y cabe resaltar que a ella es la única persona que le doy un beso en la cabeza, las personas que son importantes para mi le doy un beso en la frente.

        Ian se me acercó y me pidió que lo cargará pero me sentía cansado así que le dije que no, él se puso a llorar, yo le di un leve golpe en la frente lloró aún mas fuerte, y seguí molestándolo, hasta que fue a donde estaba Verónica, me acusó si podría decir así su intento de hablar, ella se acerco a mi y trato de pegarme pero le sostuve la mano en el aire, intentó lo mismo con la otra mano pero también se la detuve, se me quedó mirando, sonreí, me acerque poco a poco a ella, pegue mi frente con la de ella, me quede mirando sus grandes ojos una vez mas. Coloqué mi pie derecho detrás de el de ella, le di un leve empujón y callo a la alfombra, por suerte era bastante grande y gruesa, así que no se dio muy duro, yo de igual manera caí con ella sobre la alfombra, me acerque lentamente a su cálida boca, cerré mi ojos y ella hizo lo mismo, la besé, estaba temblorosa, así que le tomé la mano, pero como siempre… tenían que llegar los dos hijos de demonio a arruinarlo todo… comencé a jugar con mis ahijados, ella solo estaba hay acostada sonriendo, “¿será esta mi vida perfecta? Estar con Verónica…” pensé y luego me desperté.

        Miré para todos lados de la habitación… -odio cuando mis sueños parecen tan reales- pensé en voz alta, me levanté de la cama y fui hasta el baño, me di una ducha y luego me cepillé la boca, salí del baño y me puse ropa limpia, miré la hora y eran las ocho de la mañana, casi siempre me despertaba a esa hora. Bajé las escaleras y vi a mi madre en la cocina, estaba preparando el desayuno, la salude. Me senté en el sofá a ver televisión, el día pasó tranquilo. Normalmente veía deportes, me entretenía ver como esos jugadores sobre todo de fútbol se caían y daban vueltas en el estadio, era la Eurocopa así que esta jugando Inglaterra-Italia, comenzaba el juego, estaba entretenido viendo los bailes que hacían antes de cada encuentro. Me sentía alegre vivir en esa casa, había pasado más de dieciséis años viviendo en casas alquiladas, mi madre hacía todo lo posible para pagar todo ella sola… pero ahora que me mudé todo ha cambiado, mi madre y yo vivimos más felices. Sonó el timbre, así que salí a ver quién era, me sorprendí al ver a mi padre, este me abrazó, yo mostré indiferencia.

        ¿Qué haces por aquí?- pregunté lo mas frío que podía.

        Nada, vine a ver como estaban ustedes- dijo, sonó muy convincente así que lo dejé pasar.

        Saludó a mi madre, se sentó en el sofá como si esa fuese su casa… sinceramente lo detestaba muy en el fondo… le tenía rencor, por no ser mas maduro por tener tres hijas mas aparte de mi, y cada hija con una mujer diferente, él me habla de madurez pero el no llega ni a la mitad de lo que soy yo. Estuvo un rato y luego se despidió, estaba feliz que se haya ido, así que volví a ver el partido.

Capítulo 7



        Voltee mi cabeza hacia donde estaba ella sentada, tenía la cabeza abajo, tenía ganas de llorar, me volví a sentar y me quedé a su lado. Para ser sincero me devastaba verla llorar, no me gustaba es más lo detestaba porque me hacía sentir impotente, me hacía ver que no podía llegar a hacer nada bueno y todo me salía mal.

        Eres un idiota ¿sabes?- me miro a los ojos, no sabía que decir- ¿por qué arriesgaste tu vida para salvar la mía? Esa noche me cambió la vida y mi forma de pensar acerca de ti- comenzó a contar lo que había pasado y mis recuerdos volvían poco a poco a mi mente. [Iba caminando por una calle, tenía al lado a la primera persona que amaba como una hermanita, se veía tan bella con su suéter morado, tenía el pelo planchado y lo que mas me gustaba era que no tenía ocho capas de maquillaje en la cara, aborrecía ver a una mujer muy maquillada, no me deja ver su belleza interna. Íbamos hablando de la película que acabábamos de ver, ella parecía toda una niña de seis años describiendo una película de barbie o cenicienta, yo solo me reía. Pasamos por un callejón, seguimos de largo, no le dimos mucha importancia, pero al terminar de cruzarlo salieron dos hombres, estaban encapuchados y se veían muy amenazante, tomé a Erika por la mano e hice que caminara en frente de mi, uno de los hombre se me acerco y me colocó la mano en el hombro derecho, de un giro brusco me voltee y le di un codazo en el costado, se tiro al suelo mientras el otro se me acerco con una llave inglesa, dos años en artes marciales me parecieron suficiente para inmovilizarlo, solo que no veía artes marciales desde hace ya muchísimo tiempo. El primer hombre que tumbé se levantó y me empujó, a mi espalda estaba Erika, no me había percatado de que había alguien más atrás de ella. El tercer hombre la tomo y le tapó la boca, me di vuelta y la vi, se podía notar lo asustada que estaba. Corrí en dirección al hombre que tenía a Erika sujetada, salté y lo empujé contra el suelo, al caer yo me le tiré encima, di el primer golpe, y sentí como si una tonelada de culpa que tenía se hubiesen liberado, no me había sentido así por mucho tiempo, le di otro golpe en la cara y otro más, hasta que los nudillos me quedaron ensangrentados, miré al hombre y tenía la cara desfigurada, la nariz la tenía torcida y le salía mucha sangre por las heridas que le había abierto. Me voltee y vi los otros dos, me levanté, Erika estaba perpleja.

        Esta era la verdad que no quería que vieras- dije, mi voz sonó mas gruesa que de lo normal, una gran sonrisa estaba plasmada en mi rostro, una sed de sangre corría por mi mente, ganas de asesinar. Traté de calmarme, pero me era imposible.

        Simplemente es increíble- me dijo aún boquiabierta. Caminé hasta los otros dos hombres y uno de estos sacó un revolver y lo apunto a Erika.

        Si aprecias su vida, dame todo lo que tienes de valor y los dejaremos ir-

        ¿Sabes?, ¡no te daré nada!- le grite mi respuesta y corrí hacia él, apretó el gatillo tres veces y las tres balas me dieron en el pecho. Sentí como este se detuvo, caí desplomado en el piso, mis ojos seguían abiertos hacia donde estaba Erika parada, petrificada por mi muerte, los dos hombres me pasaron por al lado y caminaron hacia donde estaba ella, la rodearon, algo en mi se activo, posé mis manos en la acera, obligué a mi corazón a moverse por última vez, un último latido por Erika, tomé una bocanada de aire, por estar más de siete años en natación podía aguantar la respiración por poco mas de un par de minutos, pero por la deficiencia de mi corazón pensé que podía aguantar hasta poco mas de un minuto, traté de levantarme, forcé todo mi cuerpo a hacer eso, los dolores musculares que pensé que se habían ido desde hace mas de un año volvieron, mi espalda se negó rotundamente a hacer algún tipo de esfuerzo, pero cómo siempre no le presté atención, al terminar de levantarme me volví hacia los atracadores, tomé a uno por el cuello mientras obligué a Erika a taparse los ojos. La sangre salía de mi pecho y de mi boca, posé ambas manos en su rostro y luego lo giré bruscamente, lo degollé, el otro se quedó viendo, y comenzó a correr, me acerque hasta Erika.

        No iba a entregar lo que mas valioso para mi tan fácilmente- le susurré al oído y luego me desmayé…]

        ¿Pero, por qué perdí la memoria, si me dispararon en el pecho y no en la cabeza?-
Es que tu cerebro no recibió oxígeno por mucho tiempo y las neuronas comenzaron a morir cuando te colocaron la mascara de oxígeno, y taparon las heridas de tu corazón, tu cerebro comenzó a procesar información a partir desde ese punto, y en ese momento ya estabas en el hospital y tu madre y Verónica ya habían llegado y yo me había ido a petición de tu madre, me di cuenta que…- comenzó a llorar nuevamente, mi corazón se arrugaba lentamente- yo te hago daño.

        Realmente tú no me haces daño, soy yo y mi sobreprotección, eso es lo que me hace daño, hey sabes que te amo y no dejaré que nadie me separe de tu lado.- bajé mi cabeza y observe el piso, seguía igual que hace un año atrás.

        Gracias…- fue lo que me dijo antes de levantarse y caminar hasta una gaveta y quedar de cunclillas frente un grupo de películas que tenía guardadas.- ¿Cuál quieres ver?

        Cuál sea- respondí sin darle mucha importancia ya que a mi me gustan todo tipo de películas.

        Okey- seleccionó una película y la colocó en el dvd.

        Se acostó en la cama, y se arropó con un edredón yo hice lo mismo y me arrope, quedé al lado de ella, realmente no me gustan mucho las películas de terror pero no me importaba. La noche continuó normal, al terminar la película salí de la habitación de Erika y me despedí, luego le di un abrazo, no la quería soltar pero me tenía que ir, ella me abrió la puerta me monte en el carro y me fui hasta el hospital a buscar mis cosas. Iba conduciendo a una velocidad normal, las luces de la ciudad pegaban en el parabrisas y se deslizaban sobre este, el trayecto hasta el hospital fue normal. Al llegar dejé mi carro en el estacionamiento y entre a las instalaciones, subí por las escaleras hasta mi habitación y noté que mi madre se había llevado todo, la habitación estaba nuevamente vacía y del mismo color de siempre. Salí de la habitación y volví hasta mi carro, me monté y me fui hasta mi casa.

martes, 6 de noviembre de 2012

Capítulo 6



        Caminé a paso veloz, tenía la mano de Verónica agarrada con fuerzas, llegamos a las escaleras y comenzamos a bajar, comencé a disminuir la velocidad de mi caminar, me imaginaba lo que puede que este haciendo Sebastián en este momento, debe estar tirado en el suelo, pensando en lo que pasó… solté una pequeña carcajada, le pedí a Verónica que se adelantara, yo me devolví hasta donde estaba Erika, iba corriendo, subí las escaleras a dos escalones por paso, llegue a la terraza y vi a Erika hablando con Ema, Marianne, Susan y Sebastián estaban todos sentados en una mesa, me acerqué.

        Hola a todos- saludé de reojo pude ver el moretón que le había hecho a Sebastián en el cachete.

        Hola Alexander- respondieron las muchachas al mismo tiempo, Erika se levanto de la silla y se paró en frente de mí, alzó la mirada, me vio a los ojos y luego me dio un golpe en el estomago. Yo bajé la cabeza y mi barbilla quedó sobre el hombro derecho de ella.

        No tenías porque pegarle, fue un simple error que él cometió… discúlpate- me decía al oído, su suave voz invadía una vez mas mi cuerpo y mi alma.

        No lo haré- respondí de la manera mas fría que pude- mi orgullo no me dejará.

        De verdad no sé que hacer contigo…- le di un beso en la mejilla y me despedí con un “Te amo” en su oído.

        Bueno gente fea, nos vemos luego, cuídense todos- cuando me termine de despedir volví a mi largo trayecto hasta mi carro, iba a toda velocidad, bajaba la escalera lo mas rápido que pude, corría por todo el centro comercial esquivando personas, mi lado derecho había una heladería, paré en seco y compré un helado de chocolate con sirope de chocolate y trocitos de chocolate. Me dieron el envase y yo di el dinero, volví a correr hasta llegar a la salida, mire para ambos lados del estacionamiento y vi el carro y a Verónica bajándose de este y pasándose al otro asiento. Sonrío y camino hasta el carro, me monté en el coche y abro el helado de chocolate, busco unas cucharas que tenía guardadas en el carro y comienzo a comer chocolate junto con Verónica, ella se sentó perpendicularmente al espaldar del asiento, metió la cuchara en el envase repleto del frío y cremoso helado, agarra una porción bastante grande de helado y me la mete en la boca mientras yo conducía hacia las afueras del centro comercial. “Aférrate a la vida” le dije casi en señal de una orden ella me hizo caso, entendió mi frase muy bien, se sentó bien y se colocó el cinturón de seguridad.

        Al llegar nuevamente al hospital, dejé mi carro en el estacionamiento y subimos hasta mi habitación, en la cama encontré una nota, la tome y comencé a leer. “Señor Maxwell a usted se le ha dado de alta por no presentar mas síntomas negativos con respecto a su operación, le pedimos que recoja sus cosas y se retire lo antes posible del hospital. Atte.: La gerencia”. Me pareció raro que el hospital me estuviese “botando” literalmente, me senté en la cama, Verónica se levantó “Voy a buscar a tu mama” me dijo y después se retiró, con un grito le respondí un “Okey”. Al salir me recosté sobre la cama y saqué la nota que me dio Erika de mi bolsillo, la abrí poco a poco y pude notar la letra de Erika escrita con un delgado bolígrafo, tenía mucho tiempo que no veía tan perfecta escritura, por un momento me invadió la nostalgia. Comencé a leer la nota poco a poco, cada palabra, cada sílaba, cada letra se estrellaban en mi mente como si fuesen balas atravesando un delicado corazón, comencé a llorar descontroladamente. <<¿Qué hice?>> me decía mientras lloraba a gritos, termine de leer la última frase “yo siempre te cuidaré aunque no me veas”, la leía una y otra vez, no paraba de llorar. Después de un rato de tanto pensar en mis errores la puerta de la habitación se abrió y vi entrar a mi madre y luego vi a Verónica con una cara de desilusión.

        Te tengo que decir algo- dijo mi madre sentándose en una de las sillas que estaban junto a la cama.

        ¿Qué pasó?- estaba preocupado primera vez que veía a mi madre y a Verónica así.

        Es que… tu trasplante de corazón no fue precisamente por problemas de la grasa ni nada por el estilo, el doctor quedó impresionado en la forma que tu quemas la grasa tan rápidamen-

        Al punto, madre- la interrumpí porque se estaba saliendo del tema.

        Si, tienes razón… lo que te quiero decir es que el trasplante se realizó fue por tres agujeros de balas que tenías en el corazón…- el silenció invadió la sala, estaba perplejo, heridas de balas… que me había pasado.

        Y…- no podía hablar bien- ¿por qué tenía esas heridas?-

        Porque tú de estúpido siempre te quieres hacer el héroe y te negaste a un atraco, estabas con Erika y eso es todo lo que sé, ella no me quiso contar más.

        Espera… ¿Erika me trajo hasta aquí?-

        Si- ya veo la razón de la última frase “Yo siempre te cuidaré aunque no me veas”.

        ¿¡Y por qué coño no me dijiste nada!?- me levanté de la cama quedé frente a frente a mi madre.

        Porque no quería que siguieras sufriendo por ella, ¿o tu creíste que no me doy cuenta? Hey, tu eres sonámbulo y además hablas dormido, me basto y me pareció suficiente los gritos que pegabas a media noche llamándola, o los golpes que le dabas a las paredes mientras caminabas dormido, tomé la decisión de hacer que te olvidaras de ella para que pudieras ser feliz.

        Me quedé sin palabras, comencé a sudar frío, <<yo no sabía nada de eso, de que la llamaba mientras dormía, pero…>>-¡Y te atreviste a tomar decisiones por mi cuenta! ¡Que raro tú pensando solamente en ti! ¡No sabes todo lo que has hecho!

        ¡Fue por tu bien! Y a mi no me alces la voz, okey que yo soy tu madre-

        ¡Cállate! Tu nunca viste el daño que me causaste desde el momento en que nací, buscaré a Erika para pedirle que me cuente todo lo que pasó, nos vemos luego- la miré con decepción y me fui de la sala, caminé lo más rápido que pude, llegue hasta donde estaba la secretaria sentada.

        ¿Cuánto le dio mi madre para falsificar los archivos acerca de mi situación?- la señora quedo boquiabierta por mi expresión buscó rápido los archivos y toda temblorosa me los entregó.

        Así que mi salud y mi vida a mi madre solo le costaron dos mil libras esterlinas, que bueno- dije con ironía, dejé la carpeta en el mostrador y seguí caminando, llegue hasta la salida y fui para el estacionamiento, me monté en el carro.

        Coloque la llave en su respectivo lugar y luego la giré el motor del carro encendió, antes de salir miro hacia todos lados y luego le doy un golpe al volante con toda la rabia que tenía acumulada en ese momento. Trato de tranquilizarme y lo consigo, saqué el carro del hospital. 

        Busqué mi teléfono pero no lo traía, maldecí a lo que mis pulmones me dejaban gritar. Mire hacia el techo del carro y me acordé que el carro tenía para llamar, presiono el botón con forma de teléfono.

        “Por favor diga el número que desea llamar, dígito por dígito fuerte y en un tono claro”- al terminar de hablar el comando de voz comencé a pronunciar el número y después escuche como repicaba, el sonido se escuchaba en cada corneta del carro.

        Aló- atendió Erika.

        Hola, soy Alexander, necesito hablar contigo a solas- dije apurado ya que no sabía cuanto saldo tenía el carro.

        Bueno estoy en mi casa, si quieres vienes y hablamos, vivo en el mismo lugar de siempre- dijo algo confusa.

        Está bien- colgué y aceleré el carro, iba extremadamente rápido, esquivaba otros carros que iban a paso de tortuga, me tragaba pares y  luces rojas, por suerte no me agarro ningún oficial.

        Iba por la misma calle por la que pasaba muy a menudo con mi familia, me acordé de que cada vez que pasaba veía hasta donde estaba la casa de Erika para ver si estaba haí o si había alguien extraño… si lo sé, mis celos me han dejado un poco mal.

        Llegue hasta la casa, seguía del mismo color de siempre, apagué el carro y salí de este, fui hasta la puerta de la casa y toqué el timbre. Ella abrió la puerta, me precipité a abrazarla, le estaba sacando el aire, pero no quería soltarla.

        Hey…- decía con una voz ahogada, bueno no dudo porque. La solté y me pidió que pasara, tenía mucho tiempo que no pasaba por el mismo camino de piedras, llegue hasta la puerta de la sala y la abrí, todo se encontraba perfectamente igual, un par de lagrimas cálidas brotaron de mi ojos, miraba hacia las paredes, las mismas pinturas que hace unos cuantos meses aún me hipnotizaban su belleza.

        Erika me tomo de la mano y me llevo hasta su cuarto, se sentó en la cama y me pidió que yo hiciera lo mismo, accedí aunque prefería quedarme parado, liberaba mi estrés.

        Creo que te diste cuenta… ¿cierto?- pregunto con un tono tímido.

        Si, y vengo a hablar de lo que pasó ese día- me acosté en la cama mirando la misma lámpara que ha estado ahí por mas tiempo de el que puedo recordar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Capítulo 5



        Me desperté a causa de un sonido fuerte, al abrir los ojos miro hacia los lados para tratar de ver la fuente de emisión de dicho sonido, veo mi teléfono y este estaba titilando, lo tomo y veo que tiene una alarma, apago la alarma y veo la hora, son las siete en punto la hora en la que normalmente me despierto. Observo detenidamente la cama y veo a Verónica acostada en ella, pasó una buena noche, se podía notar en la sonrisa que tenía. Me levanto poco a poco mirando a mi alrededor, pienso en el estado de mi corazón, <<¿hace cuanto tiempo me habrán hecho la operación?>> traté de recordar las cosas antes de recuperar el conocimiento, pero solo recuerdo que iba en una camilla, y a mi lado derecho iba Verónica y a mi lado izquierdo iba mi madre luego de eso nada…

        Me levanté del sofá, fui al baño, me cepillé y me lavé la cara luego salí de la habitación y me dirigí hasta la recepción, me atendió una señora bastante mayor.

        Buenos días, ¿me puede dar el historial médico de Alexander Maxwell?- le hablé con una voz calmada y una sonrisa, ella me devolvió el saludo y se inclinó un poco para buscar una carpeta, la abrió y comenzó a buscar los pacientes, sacó una hoja y me la entregó. Vi mi foto, fue tomada el 12/06/11 para colocarla en la visa americana, ese año me prometieron que iba a viajar para Los Estados Unidos, pero fue una hermosa mentira. Caminé hasta mi habitación con la hoja en la mano y comencé a leer detalladamente.

“Alexander Thomas Maxwell” lo leí en voz alta, entré a la habitación y me senté en la silla en la cual había despertado, miré un poco mas debajo de mi nombre “Trasplante de corazón, a causa de un déficit motor-muscular en el mismo. La causa fue por un exceso de grasa en la sangre, el corazón trabajo arduamente para mover la sangre por todo el cuerpo.” Después de leer eso me acordé de cada momento en los que comía deliberadamente chocolate a causa de los celos por… Erika. De último decía la fecha en la cual se había realizado el trasplante, 12/05/13 hace mas o menos dos semanas, dejé salir un suspiro, estuve más de una semana inconsciente, ¿que habrá pasado en todo ese tiempo?. Tomé mi teléfono y eran las ocho de la mañana, mire a Verónica que comenzaba a despertarse, estiró sus brazos y luego sus pies, sin decir mentira parecía un gato después de dormir más de dos días seguidos. Me miró con los ojos entrecerrados y tras un largo bostezo abrió los ojos de par en par, miró en donde estoy sentado y luego volvió su mirada a lugar en donde ella pasó la noche, de un brinco sobresaltada me llega hasta donde estoy yo y me da una cachetada, realmente no me esperaba eso. Me pongo de pie, y rápidamente pasó de mirarme hacia abajo a mirarme hacia arriba.

        ¿Cómo amaneces?- después de esta pregunta recibí otra cachetada, ella tenía la mirada baja, coloqué mi mano en su barbilla y la alcé- no siempre vas a poder cuidarme, hay veces en las que yo te cuidaré. Luego lentamente  rodeó mi cuerpo poco a poco con sus cálidos brazos, y un segundo después estaba pegada a mi pecho, pasé mis manos por su cintura y las posé en su espalda aplastándola con mi cuerpo. Luego de un rato abrazándonos ella se separó de mi lentamente y se dirigió al baño, cabía resaltar que se veía muy sexy con esa camisa celeste manga larga que le dejó mi madre para que durmiera, debajo de la camisa se veía su brasier negro y llevaba unos cacheteros del mismo color, me di cuenta por que no tenía puesto nada. Mi teléfono comenzó a sonar y lo tomé, era un mensaje de un número bastante conocido solté un suspiro y abrí el mensaje.

        Hola… voy a estar en el centro comercial de la ciudad, te espero allá a las diez, atte: Erika- dejé mi teléfono sobre la cama, miré el reloj y ya faltaba poco para ser las nueve, esperé a que Verónica saliera y entré yo al baño, me di una ducha de agua caliente, extremadamente caliente, pues a mi me gusta el agua a muy altas temperaturas. Al salir de la ducha me miré en el espejo y me medio arregle el pelo, salí del baño y ya Verónica se había cambiado, tenía puesto un jean y una camisa escotada, yo salí en toalla así que ella se tapo los ojos, mientras que yo quería que me viera ya que había estado medio año en el gimnasio esculpiendo mi cuerpo. Tomé la camisa que utilizó Verónica para dormir y me la coloqué, busqué unos bóxers, un jean y unas converse para terminar de vestirme. Tomé a mi novia por la mano y la jalé, ella estiró su mano libre para alcanzar su cartera, ambos comenzamos a correr por el pasillo, esquivando camillas que iban y venían, personas paradas en todo el medio de las salas de espera, y doctores como también enfermeras, llegamos hasta la salida del hospital y luego fuimos al estacionamiento. Aún estábamos corriendo.

        ¿Para donde vas?- me preguntó parando en seco.

        Voy a ver a una amiga de la infancia y tú vienes conmigo- la volví a jalar de la mano y continuamos corriendo, llegamos hasta mi carro, era un aveo color negro, ella se montó del lado del acompañante mientras que yo entré por el lado del chofer. “Mis llaves están en tu cartera… ¿cierto?” le pregunté mientras ella asintió y las sacó.

        ¿Este… y por qué yo tengo que ir contigo?-

        Porque si va alguien al que no quiero ver se va a poner muy feo y tu me ayudarás a salir del problema… como siempre- terminé la frase con una carcajada mientras que ella movía su cabeza de lado a lado.

        Encendí el carro y salimos del hospital, iba a toda velocidad esquivando todos los carros que tenía al frente, hasta llegar al centro comercial, me estacioné afuera y le dejé el carro Verónica, ella se iba a encargar de meter el carro al centro comercial y esperarme en el estacionamiento por si algo salía mal.

        Entré al inmenso mall miraba para todos lados buscando a Erika pero no la veía, comencé a caminar un poco mas rápido buscándola pero nada, de un segundo a otro sentí una mano cálida agarrando la mía, me voltee y era ella con un vestido negro que le llegaba casi a las rodillas, ella me jaló y comenzamos a caminar mientras hablábamos, no eran cosas importantes: “¿Cómo te ha ido?” “¿Qué has hecho?”, de preguntas en preguntas subimos las escaleras y fuimos a la terraza del centro comercial, nos sentamos en una de las mesas que estaban pegadas a la barandilla.

¿Viniste sola?-

No, también vinieron Marianne, Susan, Ema y Sebastián.- suspire por la última persona que nombró. -Hey sabes que lo que pasó fue un simple error y el lo había dejado todo para-

Cállate- Llegaban recuerdos a mi mente, recuerdos de aquel veintidós de junio, oficialmente el peor día de mi vida. 

[¡Erika!- la llamé de un grito, estaba feliz y a la vez triste porque ya no nos veríamos como antes ahora cada quien tomará caminos diferentes, ella se volteó para verme y comencé a correr para abrazarla, estábamos algo lejos así que iba a tardarme un poco, se le notaba la sonrisa de oreja a oreja desde unos cinco kilómetros atrás, de la nada aparece él, la toma por la cintura la voltea y la besa como si fuesen pareja, como si hubiese estado toda su vida con ella. Yo comienzo a disminuir la velocidad, hasta que paré, de mis ojos comenzaron a surgir frías lágrimas llenas de odio hacia aquella persona, mi mirada cambió desde el momento en que vi esa escena, todo pasó en cámara lenta, como si me lo estuviesen restregando en la cara que él si lo pudo hacer… “¡Sebastián!” grité a lo que mis pulmones me dejaban, apreté con fuerza mis puños y me dirigí hasta él, solo me lo imaginaba quemándose, tirado en el suelo chillando de dolor, solo deseaba verlo morir <<¿cómo se atreve? ¿Por qué carajo la besó?>>.

Quede cara a cara con la persona que mas odiaba en el mundo, mi mirada penetró en lo más profundo de su ser, pude notar como lo invadía el temor, alcé mi mano izquierda en dirección a su cuello, pero Erika la detuvo, comencé a temblar de la rabia, no podía desahogarme con él ahí. Escuchaba una voz en el fondo de mis pensamientos “asesínalo, ¿no era eso lo que buscabas desde el primer día que se vieron? Ahora tienes la oportunidad, déjame a mi, yo me hago cargo de él.” Era obvio, mi personalidad más cruda, cruel, fría y sin sentimientos buscaba excusas para salir de su prisión mental.].

Recobré el sentido, solo habían pasado segundo en el mundo normal, mi mente me ha jugado otra, Erika aún estaba enfrente de mí, sacó una hoja de  cuaderno de su cartera y me la entregó, yo no sabía que era hasta que leí el título… “Onii-chan”, guardé la carta en mi bolsillo, puesto que sabía que si la leía ahí iba a llorar y no me gustaba llorar enfrente de nadie, no me gustaba mostrarme débil. Ella se levanto para despedirse de mi, se tenía que ir yo hice lo mismo, me separé un poco de la mesa y me levanté de la silla, a lo lejos pude notar que venía Sebastián, mal momento para llegar. Se acerca a la mesa y me saluda extendiendo la mano, yo la aparto de mi camino, él me tomó por el brazo y muy descaradamente pregunta: “¿Qué te pasa?”. Yo me volteo lo más rápido que puedo, y con mi mano izquierda lo tomo por el cuello. Mi expresión mostraba odio hacia él, lo mismo desde hace casi un año, <<ya lo tienes, solo tienes que apretar la mano y listo>> sentía como la tráquea de Sebastián se movía para no ser estrangulada. "¡Sólo hazlo!", Erika me agarro por el brazo para bajarlo, pero ya estaba aferrado al cuello del creador de mi odio, estaba tan aferrado como una serpiente cuando clava sus colmillos a un ratón ahora nada es posible para separarlo. Poco a poco iba aumentado la fuerza en mi mano. “¿Qué pasa, hermano? ¿Por qué haces esto?” su voz se escuchaba apagada y sin fuerzas.

¿Hermano, dices?- solté una carcajada- tú nunca fuiste un hermano para mí, desde él día que te vi sabía que me presentarías un peligro, solo que aprendí a actuar, tu no eres nada para mí, yo no siento nada con lo que te estoy haciendo, mis sentimientos fueron consumidos por mi odio, crecí odiando la hipocresía de todos los humanos, tu y yo no somos diferentes, ese error que cometiste hace poco menos de un año, ese error nunca lo voy a olvidar, “escorpio puede ser muy amable con las personas que se lo merezcan, pero soltará el aguijón a la persona que odie en el momento dado”- cité las palabras de la personalidad de escorpio, puesto yo era escorpio y amaba mi signo.
Mire por la espalda de Sebastián y venía Verónica, comencé a apretar mas duro mi mano, para tratar de infligirle el mayor daño posible.

Vámonos- me dijo Verónica tomándome por la mano derecha, me zafe de su mano y solté a Sebastián, cuando este comenzó a bajar su cabeza para poder respirar mejor, le di con los nudillos en le mejilla izquierda aventándolo unos dos metros de donde estaba, me sentía satisfecho con el resultado. Comencé a caminar al lado de Verónica para salir del mall.