lunes, 19 de noviembre de 2012

Capítulo 11



        La tenía rodeada con mi brazo izquierdo, la acariciaba el abdomen, en ocasiones le hacia cosquillas en el ombligo y luego la seguía acariciando, a veces me hipnotizaba el perfume de su pelo, sinceramente adoraba estar con ella. Aún era de noche así que me volví a quedar dormido abrazado a la mujer que futuramente sería mi esposa… o eso espero yo.

        Abrí lentamente los ojos, me dolía la cabeza, mire para el lado vacío de la cama, estaba todo arrugado, Verónica se había levantado, toqué y aún estaba caliente, no fue hace mucho… Me estiré y me senté en el borde, busqué mis sandalias y me las coloqué me paré de la cama, me dirigí al baño y me cepille los diente, fui hasta la cocina, la vi preparando el desayuno, me acerqué lentamente, la abracé por el abdomen, estaba detrás de ella, cabía resaltar que no le gustaba la cocina así que hizo lo más rápido que había, pan tostado.

        Buongiorno amore mio- Le dije lo único que sabía decir en italiano en la patita del oído, mientras le acariciaba la barriga.

        Ella soltó una leve carcajada y se volteo y junto sus labios grandes y húmedos con los míos. Me separé lentamente de ella. –Buenos días corazón- me dijo dándome otro beso.

        Yo la solté y tomé un pan, me lo metí en la boca y le dejé una sonrisa a Verónica, fui hasta el comedor y me senté, bajó mi madre y saludó a Verónica, ella hizo lo mismo. Me levanté de la mesa y fui a lavar los platos al terminar me paré al lado de Verónica que estaba acostada en el sofá, la tomé por la mano y la lleve nuevamente a mi cuarto, subiendo las escaleras vi a Marissa, tenía una cara un poco… amorfa, bueno cabía resaltar que su pelo no le favorecía mucho porque se estaba despertando.

        Hola- saludé, no mostraba mucho afecto hacia mis primos y familiares, solo los gemelos y Alex podían disfrutar de esta virtud… y también Erika… No debía de pensar en ella ya que estaba haciendo lo posible para tratar de no sufrir por su causa.

        Al llegar al cuarto, cerré la puerta y le pasé el seguro, me costé en la cama con Verónica, era domingo así que no tenía mucho que hacer y podía pasar toda la mañana con ella.

        Te amo- le dije susurrando al oído, mis fríos labios rozaban su cálida oreja.

        Yo también te amo- me dijo volteándose y concediéndome un beso, me tomó por detrás del cuello, yo hice lo mismo, sonreíamos mientras nos besábamos. Ese momento era simplemente perfecto. Tomé el edredón y me arropé hasta la cabeza, igual que ella, ambos quedamos debajo del edredón. Quedamos en un silencio absoluto, solo nos mirábamos a la cara, su delgado cabello caía y tapaba en parte sus ojos.

        Quiero un hijo de ti- su voz parecía temerosa y cálida.
        
        Yo también quiero que seas la madre de mis hijos- le dije mientras le acariciaba el vientre.- ¿Cómo se llamará nuestro hijo?... bueno quiero un niño y una niña.

        El niño se llamará Sebastián y la niña… no sé-

        Quiero que la niña se llame Stephanie Sophia- le dije con un tono de voz bajo.

        Me pegué más a ella, mi pierna derecha quedo entre sus piernas, pegamos nuestras frentes y luego nuestros labios, no fue un gran beso, pero si fue un gran momento. No sabía cuanto tiempo había pasado, solo que ya era de tarde, me levante y ella aún seguía dormida, bajé nuevamente a la cocina a ver que había para almorzar ya que el desayuno no fue suficiente y vi a la hermana de Marissa, Cecilia.

        Holaaa- la salude con un fuerte abrazo, y se volvió a sentar en el sofá al lado de su hermana. Fui hasta la cocina y sentí como alguien bajaba las escaleras, me asomé y era Verónica.

        Hola- Verónica saludó a mis dos primas, Marissa contestó sin darle mucha importancia mientras que Cecilia se quedó boquiabierta.

        ¿Quién eres tú?- le preguntó Cecilia a mi novia, eso de alguna forma me molestó mucho.

        Ella es mi novia, si, tengo novia y acostúmbrate a verla aquí.- le dije mientras abrazaba por la cintura a Verónica desde su espalda.

        ¿Osea que ustedes dos durmieron… juntos…?- preguntó aún más sorprendida.

        Si y fue maravilloso- después de decir esto solté una pequeña carcajada y escuché a Cecilia asqueándose.

        Hey tonto, ¿Qué vamos hacer esta noche?- me preguntó mi prima menor mientras me tomaba de la mano.

        Nada- dije y seguí buscando algo para comer.

        Si me prometes que vamos a jugar a algo esta noche te digo donde escondió tía la comida- odiaba cuando me sobornaban de esa manera.

        Aja… ¿Dónde está la comida?-

        Tía la guardo en el último cajón de la nevera al final, y cito: “Si Alexander llega a encontrar la comida díganle que se coma un poquito porque ahora voy a llegar yo con mas comida y esa que esta ahí es mía”.- repitió todo lo que dijo mi madre, parecía una grabadora.

        Okey, okey- le dije mientras movía mi mano y llevaba un plato de comida hasta la mesa, me senté comer y Cecilia comenzó a hacerle un interrogatorio a Verónica… ella a veces me saca la piedra… no es como Marissa, que solo saludó a Verónica y ya.

        ¿Y dime, te gusta mi primo, lo quieres, lo amas, estarías dispuesta a dar tu vida por él…?- le lancé un trozo de carne en la cara para tratar de callarla, pero al parecer no fue suficiente -dime...- continuó.

        Le di un bocado de mi almuerzo a Verónica, era arroz con carne asada y puré de papas. Verónica masticó y seguimos comiendo los dos del mismo plato, luego fuimos otra vez hasta mi cuarto, cerré la puerta, y luego se volvió a abrir. Miré hacia atrás ya que estaba de espaldas y seguía Cecilia, era increíble lo molesta que puede llegar a ser esa niña de siete años.

        ¿Ahora que quieres?- pregunté.

        Nada, solo vengo a ver que todo esté en orden y no pienses sobre pasarte.- tenía una cara seria, no aguantaba la risa y le hice burla, a ella le molestaba mucho eso. Cerró la puerta de golpe y se fué. Yo prendí el televisor y coloqué una película, Verónica tenía abrazado a mi peluche gigante de Patamon. Se veía demasiado hermosa con ese peluche y en su pijama, me acosté otra vez en la cama al lado de ella y comenzamos a ver Más allá del cielo, era un película que además de vieja me hacía llorar y pensar en muchas cosas, como por ejemplo, ¿Qué hubiese cambiado si yo hubiese crecido con hermanos?, Erika me ha respondido muchas veces esa pregunta, aunque simplemente quería escuchar un “Me tienes a mi, a tu hermanita pequeña...” solo me decía que hubiese cambiado mucho, no sería la misma persona que soy ahora, ya que al crecer sin hermanos desarrollé un instinto de sobre protección hacia la mayoría de las persona que están a mi alrededor.

        Hey, ¿mañana no es el cumpleaños de una de tus hermanas?-me preguntó Verónica.

        Este… cierto…- me extrañaba que aún se acuerde de la vez que le hable de mis “hermanas”. Realmente una de ellas si era hermana de sangre, mientras que la otra es una hermana de crianza, el primer día que llegó a mi familia ella tenía como tres años y yo tenía como siete…  [Hola…- se me acerco una extraña niña, ojos grandes pelo liso, a simple vista mostraba inocencia, tenía a mi prima a mi lado, Marissa, miraba sorprendida a la nueva integrante de nuestro circulo familiar.

        Hola- le respondí sin si quiera mirarla.

        Mi papá me dijo que yo seré tu hermanita-  me dijo esa pequeña, no sabía que expresión mostrar si asombro o repugnancia, Marissa, en cambio ella estaba emocionada por su nueva “prima”.

        Aléjate de mi- le dije, era impresionante lo que yo podía decir con tan solo siete años de edad y sin ningún tipo de emoción, me daba igual, solo no quería que se interpusiera en la poca confianza que le tenía a mi padre.- Déjame decirte que tú nunca serás de esta familia, así que te puedes ir por donde viniste, crecí solo y no necesitaré nada de ti, solo me estorbarás.- ella se fue llorando, Marissa me dió un golpe en la cabeza, creo que me quiso decir que eso no estaba bien. Pero como siempre la ignoré] Esos recuerdos… me senté en la cama, Verónica se puso detrás de mi y me abrazo fuerte.

        No sé si algún día yo vaya a querer a ellas dos como hermanas, es que… por ellas no siento lo mismo que por Erika… Entregar mi vida por ellas dos, lo tendría que pensar un millón de veces, pero entregar mi vida por Erika… mi hermanita… todas las veces que fuese necesario- le dije mientras lloraba, me sentía patético cada vez que hacia eso, mis tíos me dijeron “Nunca llores, solo así tus enemigos verán que tan fuerte eres”, ahora menos que nunca me sentía “fuerte”, quería morir ya, no podía seguir intentando, el humano se cansa, yo me cansé, siempre estuve sólo, nunca me importó la soledad, pero ahora necesito abrazos de todos y saber que soy importante para al menos una persona.

        Estoy yo… para un abrazo o cualquier cosa que necesites de mi, sabes que siempre estaré a tu lado-

        Lo sé, se que nunca me fallarás, pero siento un vacío en mi pecho, ese vacío se llena solo cuando estoy con Erika, ese es el vacío que dejó mi padre al irse, el vacío que creció mientras yo también lo hacia. Un odio cada vez mas fuerte me dominaba pero yo podía controlarlo, ese ser que en ocasiones me llama inmaduro… me dan ganas de decirle lo mismo, yo si tengo bases para llamarlo inmaduro, él no.

        Te amo-

        Yo también te amo…-

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