La tenía
rodeada con mi brazo izquierdo, la acariciaba el abdomen, en ocasiones le hacia
cosquillas en el ombligo y luego la seguía acariciando, a veces me hipnotizaba
el perfume de su pelo, sinceramente adoraba estar con ella. Aún era de noche así
que me volví a quedar dormido abrazado a la mujer que futuramente sería mi
esposa… o eso espero yo.
Abrí
lentamente los ojos, me dolía la cabeza, mire para el lado vacío de la cama,
estaba todo arrugado, Verónica se había levantado, toqué y aún estaba caliente,
no fue hace mucho… Me estiré y me senté en el borde, busqué mis sandalias y me
las coloqué me paré de la cama, me dirigí al baño y me cepille los diente, fui hasta la cocina, la vi preparando el
desayuno, me acerqué lentamente, la abracé por el abdomen, estaba detrás de
ella, cabía resaltar que no le gustaba la cocina así que hizo lo más rápido que
había, pan tostado.
Buongiorno
amore mio- Le dije lo único que sabía decir en italiano en la patita del oído, mientras
le acariciaba la barriga.
Ella soltó
una leve carcajada y se volteo y junto sus labios grandes y húmedos con los
míos. Me separé lentamente de ella. –Buenos días corazón- me dijo dándome otro
beso.
Yo la solté
y tomé un pan, me lo metí en la boca y le dejé una sonrisa a Verónica, fui
hasta el comedor y me senté, bajó mi madre y saludó a Verónica, ella hizo lo
mismo. Me levanté de la mesa y fui a lavar los platos al terminar me paré al lado de Verónica que estaba acostada
en el sofá, la tomé por la mano y la lleve nuevamente a mi cuarto, subiendo
las escaleras vi a Marissa, tenía una cara un poco… amorfa, bueno cabía
resaltar que su pelo no le favorecía mucho porque se estaba despertando.
Hola-
saludé, no mostraba mucho afecto hacia mis primos y familiares, solo los
gemelos y Alex podían disfrutar de esta virtud… y también Erika… No debía de
pensar en ella ya que estaba haciendo lo posible para tratar de no sufrir por
su causa.
Al llegar al
cuarto, cerré la puerta y le pasé el seguro, me costé en la cama con Verónica,
era domingo así que no tenía mucho que hacer y podía pasar toda la mañana con
ella.
Te amo- le
dije susurrando al oído, mis fríos labios rozaban su cálida oreja.
Yo también
te amo- me dijo volteándose y concediéndome un beso, me tomó por detrás del
cuello, yo hice lo mismo, sonreíamos mientras nos besábamos. Ese momento era
simplemente perfecto. Tomé el edredón y me arropé hasta la cabeza, igual que
ella, ambos quedamos debajo del edredón. Quedamos en un silencio absoluto, solo
nos mirábamos a la cara, su delgado cabello caía y tapaba en parte sus ojos.
Quiero un
hijo de ti- su voz parecía temerosa y cálida.
Yo también
quiero que seas la madre de mis hijos- le dije mientras le acariciaba el
vientre.- ¿Cómo se llamará nuestro hijo?... bueno quiero un niño y una niña.
El niño se
llamará Sebastián y la niña… no sé-
Quiero que
la niña se llame Stephanie Sophia- le dije con un tono de voz bajo.
Me pegué más
a ella, mi pierna derecha quedo entre sus piernas, pegamos nuestras frentes y
luego nuestros labios, no fue un gran beso, pero si fue un gran momento. No
sabía cuanto tiempo había pasado, solo que ya era de tarde, me levante y ella
aún seguía dormida, bajé nuevamente a la cocina a ver que había para almorzar
ya que el desayuno no fue suficiente y vi a la hermana de Marissa, Cecilia.
Holaaa- la
salude con un fuerte abrazo, y se volvió a sentar en el sofá al lado de su
hermana. Fui hasta la cocina y sentí como alguien bajaba las escaleras, me
asomé y era Verónica.
Hola- Verónica
saludó a mis dos primas, Marissa contestó sin darle mucha importancia mientras
que Cecilia se quedó boquiabierta.
¿Quién eres
tú?- le preguntó Cecilia a mi novia, eso de alguna forma me molestó mucho.
Ella es mi
novia, si, tengo novia y acostúmbrate a verla aquí.- le dije mientras abrazaba
por la cintura a Verónica desde su espalda.
¿Osea que
ustedes dos durmieron… juntos…?- preguntó aún más sorprendida.
Si y fue
maravilloso- después de decir esto solté una pequeña carcajada y escuché a
Cecilia asqueándose.
Hey tonto,
¿Qué vamos hacer esta noche?- me preguntó mi prima menor mientras me tomaba de
la mano.
Nada- dije y
seguí buscando algo para comer.
Si me
prometes que vamos a jugar a algo esta noche te digo donde escondió tía la
comida- odiaba cuando me sobornaban de esa manera.
Aja… ¿Dónde
está la comida?-
Tía la
guardo en el último cajón de la nevera al final, y cito: “Si Alexander llega a
encontrar la comida díganle que se coma un poquito porque ahora voy a llegar yo
con mas comida y esa que esta ahí es mía”.- repitió todo lo que dijo mi madre,
parecía una grabadora.
Okey, okey-
le dije mientras movía mi mano y llevaba un plato de comida hasta la mesa, me
senté comer y Cecilia comenzó a hacerle un interrogatorio a Verónica… ella a
veces me saca la piedra… no es como Marissa, que solo saludó a Verónica y ya.
¿Y dime, te
gusta mi primo, lo quieres, lo amas, estarías dispuesta a dar tu vida por él…?-
le lancé un trozo de carne en la cara para tratar de callarla, pero al parecer
no fue suficiente -dime...- continuó.
Le di un
bocado de mi almuerzo a Verónica, era arroz con carne asada y puré de papas. Verónica masticó y seguimos comiendo los dos del mismo plato, luego fuimos otra
vez hasta mi cuarto, cerré la puerta, y luego se volvió a abrir. Miré hacia atrás
ya que estaba de espaldas y seguía Cecilia, era increíble lo molesta que puede
llegar a ser esa niña de siete años.
¿Ahora que
quieres?- pregunté.
Nada, solo
vengo a ver que todo esté en orden y no pienses sobre pasarte.- tenía una cara
seria, no aguantaba la risa y le hice burla, a ella le molestaba mucho eso.
Cerró la puerta de golpe y se fué. Yo prendí el televisor y coloqué una
película, Verónica tenía abrazado a mi peluche gigante de Patamon. Se veía
demasiado hermosa con ese peluche y en su pijama, me acosté otra vez en la cama
al lado de ella y comenzamos a ver Más allá del cielo, era un película que además
de vieja me hacía llorar y pensar en muchas cosas, como por ejemplo, ¿Qué
hubiese cambiado si yo hubiese crecido con hermanos?, Erika me ha respondido
muchas veces esa pregunta, aunque simplemente quería escuchar un “Me tienes a
mi, a tu hermanita pequeña...” solo me decía que hubiese cambiado mucho, no sería la misma
persona que soy ahora, ya que al crecer sin hermanos desarrollé un instinto de sobre
protección hacia la mayoría de las persona que están a mi alrededor.
Hey, ¿mañana
no es el cumpleaños de una de tus hermanas?-me preguntó Verónica.
Este…
cierto…- me extrañaba que aún se acuerde de la vez que le hable de mis
“hermanas”. Realmente una de ellas si era hermana de sangre, mientras que la
otra es una hermana de crianza, el primer día que llegó a mi familia ella tenía
como tres años y yo tenía como siete…
[Hola…- se me acerco una extraña niña, ojos grandes pelo liso, a simple
vista mostraba inocencia, tenía a mi prima a mi lado, Marissa, miraba
sorprendida a la nueva integrante de nuestro circulo familiar.
Hola- le
respondí sin si quiera mirarla.
Mi papá me
dijo que yo seré tu hermanita- me dijo
esa pequeña, no sabía que expresión mostrar si asombro o repugnancia, Marissa,
en cambio ella estaba emocionada por su nueva “prima”.
Aléjate de
mi- le dije, era impresionante lo que yo podía decir con tan solo siete años de
edad y sin ningún tipo de emoción, me daba igual, solo no quería que se interpusiera
en la poca confianza que le tenía a mi padre.- Déjame decirte que tú nunca
serás de esta familia, así que te puedes ir por donde viniste, crecí solo y no
necesitaré nada de ti, solo me estorbarás.- ella se fue llorando, Marissa me
dió un golpe en la cabeza, creo que me quiso decir que eso no estaba bien. Pero
como siempre la ignoré] Esos recuerdos… me senté en la cama, Verónica se puso
detrás de mi y me abrazo fuerte.
No sé si
algún día yo vaya a querer a ellas dos como hermanas, es que… por ellas no
siento lo mismo que por Erika… Entregar mi vida por ellas dos, lo tendría que
pensar un millón de veces, pero entregar mi vida por Erika… mi hermanita… todas
las veces que fuese necesario- le dije mientras lloraba, me sentía patético
cada vez que hacia eso, mis tíos me dijeron “Nunca llores, solo así tus
enemigos verán que tan fuerte eres”, ahora menos que nunca me sentía “fuerte”,
quería morir ya, no podía seguir intentando, el humano se cansa, yo me cansé, siempre estuve sólo, nunca me importó la soledad, pero ahora necesito abrazos de todos y saber que soy importante para al menos una persona.
Estoy yo…
para un abrazo o cualquier cosa que necesites de mi, sabes que siempre estaré a
tu lado-
Lo sé, se
que nunca me fallarás, pero siento un vacío en mi pecho, ese vacío se llena
solo cuando estoy con Erika, ese es el vacío que dejó mi padre al irse, el
vacío que creció mientras yo también lo hacia. Un odio cada vez mas fuerte me
dominaba pero yo podía controlarlo, ese ser que en ocasiones me llama inmaduro…
me dan ganas de decirle lo mismo, yo si tengo bases para llamarlo inmaduro, él
no.
Te amo-
Yo también
te amo…-