jueves, 8 de noviembre de 2012

Capítulo 8



        Conduje por toda la ciudad hasta llegar a lo que sería mi cuarto hogar desde que nací, era una casa bastante grande, dejé el carro en el estacionamiento, vivíamos en una urbanización cerrada y con cámaras en cada esquina, así que no me preocupaba el dejarlo abierto. Entré a la casa, me di cuenta que mi madre ya estaba ahí porque las luces de la sala estaban prendidas igual que las de la cocina, subí por las escaleras hasta llegar a mi cuarto, gire la manecilla y empuje la puerta, pareció que la hubiese abierto en cámara lenta, me tarde unos treinta segundos en abrirla, prendí la luz y vi que todo estaba tal cual como lo había dejado, la ropa tirada por debajo de la cama, los cuadernos de la universidad regados por todas partes, entré poco a poco, supuse que mi madre estaba en su cuarto dormida, así que no quise molestarla, me quite los zapatos y los dejé a un lado del pié de cama. Me acosté sin quitarme mas nada, me quede viendo el techo, no había cambiado de color desde que me mudé, era un blanco depresivo, si… ya que cada vez que lo veía me bajaba el autoestima a menos diez.

        Posé mis manos detrás de mi cabeza, recogí mi rodilla izquierda, dejando la derecha extendida, comencé a pensar en mis errores, luego vi hacia la izquierda del cuarto, había una foto en la que salíamos todos mis amigos en el último día de clases, todos sonriendo… hasta yo sonreía. Hace siete años atrás, cuando entré en ese liceo no se me había pasado por la cabeza el día de mi graduación debe de ser que aún lo veía muy lejos. Ese día todos estábamos llorando por que supuestamente no nos veríamos jamás o al menos muchos no lo harían. Ese día muchos me abrazaron, personas que realmente no eran nada para mi se tomaron la molestia de darme un poco de afecto, llegaban a mi con los ojos hinchados de tanto llorar, yo solo los abrazaba, “¿por qué me cuesta tanto llorar?" crecí sin demostrar sentimientos… no había a quién demostrarle que podía llorar, me acostumbré a no llorar, a ser una persona seca sólo por mi madre, ella hacía todo lo posible para darme de comer y no la podía desanimar, así que tuve que desarrollar una carcasa que demostrara frialdad”, pensaba mientras aún veía esa foto… y todos los recuerdos de aquella noche llegaron a mi mente… la forma en que Erika me miró a los ojos llorando, sus grandes y voluminosas cuencas penetraron mi alma, me sentía desnudo “Nada de esto es tu culpa por favor” recuerdo aquellas palabras mientras me colocaba sus cálidas manos en mis mejillas, yo solo la tenía agarrada por la cintura, pegué mi frente con la de ella, me seguía mirando, me sentía invadido, era la primera vez que tenía esa sensación, ella sin previo aviso me abrazó, podía notar como su abrazo me decía un “te necesito” me quede parado por un segundo y luego la abracé aun más fuerte, no la quería soltar, sabía que a partir de ese momento nuestras vidas cambiarían, cada uno se iría por su lado… Después de un continuo pensar me levanto de la cama y me quito las lágrimas que tenía en la cara, miro todo mi cuarto, desde ese momento desee que Erika estuviese a mi lado con uno de sus abrazos que siempre me dejan deseando más. Caminé hasta la puerta y salí de mi habitación bajé las escaleras y fui hasta la cocina, me preparé unos sándwiches, jamón, queso, queso amarillo y el pan de sándwich y eso era todo lo que necesitaba para preparar otro de mis grandes manjares, solo me comí dos por lo tarde que era y no tenía mucha hambre. Me devolví a mi cuarto y me acosté a dormir.

        Al abrir los ojos me encontraba en la casa de mi tía, mire hacia todos lados y pude notar que estaba en la cama del hijo mayor de mi tía, me levante y caminé un poco, bajé las escaleras y llegue a la sala, ahí estaba ella, jugando con uno de los gemelos, cabe resaltar que mi tía tiene cuatro hijos, el mayor de once años, el que le sigue de cuatro años y los dos últimos que son gemelos de tres años.

        Hola- salude, ella alzó la cabeza y aún jugando con el gemelo me respondió un “hola” muy cálido. Ian el mayor de los gemelos se acercó a mi y me grito “Ane” yo simplemente dije “hola nian” solía llamarlos por sobrenombres, el mayor le decía por su nombre Nerio, a Alex le decía aye, a Ian nian y a Isaac le decía itaa.

        Verónica se levantó y me abrazó, amaba cada vez que hacía eso, yo hice lo mismo y la abracé, le di un beso en la parte superior de su cabeza, eso simboliza para mi un siempre te voy a amar, y cabe resaltar que a ella es la única persona que le doy un beso en la cabeza, las personas que son importantes para mi le doy un beso en la frente.

        Ian se me acercó y me pidió que lo cargará pero me sentía cansado así que le dije que no, él se puso a llorar, yo le di un leve golpe en la frente lloró aún mas fuerte, y seguí molestándolo, hasta que fue a donde estaba Verónica, me acusó si podría decir así su intento de hablar, ella se acerco a mi y trato de pegarme pero le sostuve la mano en el aire, intentó lo mismo con la otra mano pero también se la detuve, se me quedó mirando, sonreí, me acerque poco a poco a ella, pegue mi frente con la de ella, me quede mirando sus grandes ojos una vez mas. Coloqué mi pie derecho detrás de el de ella, le di un leve empujón y callo a la alfombra, por suerte era bastante grande y gruesa, así que no se dio muy duro, yo de igual manera caí con ella sobre la alfombra, me acerque lentamente a su cálida boca, cerré mi ojos y ella hizo lo mismo, la besé, estaba temblorosa, así que le tomé la mano, pero como siempre… tenían que llegar los dos hijos de demonio a arruinarlo todo… comencé a jugar con mis ahijados, ella solo estaba hay acostada sonriendo, “¿será esta mi vida perfecta? Estar con Verónica…” pensé y luego me desperté.

        Miré para todos lados de la habitación… -odio cuando mis sueños parecen tan reales- pensé en voz alta, me levanté de la cama y fui hasta el baño, me di una ducha y luego me cepillé la boca, salí del baño y me puse ropa limpia, miré la hora y eran las ocho de la mañana, casi siempre me despertaba a esa hora. Bajé las escaleras y vi a mi madre en la cocina, estaba preparando el desayuno, la salude. Me senté en el sofá a ver televisión, el día pasó tranquilo. Normalmente veía deportes, me entretenía ver como esos jugadores sobre todo de fútbol se caían y daban vueltas en el estadio, era la Eurocopa así que esta jugando Inglaterra-Italia, comenzaba el juego, estaba entretenido viendo los bailes que hacían antes de cada encuentro. Me sentía alegre vivir en esa casa, había pasado más de dieciséis años viviendo en casas alquiladas, mi madre hacía todo lo posible para pagar todo ella sola… pero ahora que me mudé todo ha cambiado, mi madre y yo vivimos más felices. Sonó el timbre, así que salí a ver quién era, me sorprendí al ver a mi padre, este me abrazó, yo mostré indiferencia.

        ¿Qué haces por aquí?- pregunté lo mas frío que podía.

        Nada, vine a ver como estaban ustedes- dijo, sonó muy convincente así que lo dejé pasar.

        Saludó a mi madre, se sentó en el sofá como si esa fuese su casa… sinceramente lo detestaba muy en el fondo… le tenía rencor, por no ser mas maduro por tener tres hijas mas aparte de mi, y cada hija con una mujer diferente, él me habla de madurez pero el no llega ni a la mitad de lo que soy yo. Estuvo un rato y luego se despidió, estaba feliz que se haya ido, así que volví a ver el partido.

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