Conduje por
toda la ciudad hasta llegar a lo que sería mi cuarto hogar desde que nací, era
una casa bastante grande, dejé el carro en el estacionamiento, vivíamos en una
urbanización cerrada y con cámaras en cada esquina, así que no me preocupaba el
dejarlo abierto. Entré a la casa, me di cuenta que mi madre ya estaba ahí porque las luces de la sala estaban prendidas igual que las de la cocina, subí
por las escaleras hasta llegar a mi cuarto, gire la manecilla y empuje la
puerta, pareció que la hubiese abierto en cámara lenta, me tarde unos treinta
segundos en abrirla, prendí la luz y vi que todo estaba tal cual como lo había
dejado, la ropa tirada por debajo de la cama, los cuadernos de la universidad
regados por todas partes, entré poco a poco, supuse que mi madre estaba en su
cuarto dormida, así que no quise molestarla, me quite los zapatos y los dejé a
un lado del pié de cama. Me acosté sin quitarme mas nada, me quede viendo el
techo, no había cambiado de color desde que me mudé, era un blanco depresivo,
si… ya que cada vez que lo veía me bajaba el autoestima a menos diez.
Posé mis
manos detrás de mi cabeza, recogí mi rodilla izquierda, dejando la derecha
extendida, comencé a pensar en mis errores, luego vi hacia la izquierda del
cuarto, había una foto en la que salíamos todos mis amigos en el último día de
clases, todos sonriendo… hasta yo sonreía. Hace siete años atrás, cuando entré
en ese liceo no se me había pasado por la cabeza el día de mi graduación debe
de ser que aún lo veía muy lejos. Ese día todos estábamos llorando por que supuestamente
no nos veríamos jamás o al menos muchos no lo harían. Ese día muchos me
abrazaron, personas que realmente no eran nada para mi se tomaron la molestia
de darme un poco de afecto, llegaban a mi con los ojos hinchados de tanto
llorar, yo solo los abrazaba, “¿por qué me cuesta tanto llorar?" crecí sin
demostrar sentimientos… no había a quién demostrarle que podía llorar, me
acostumbré a no llorar, a ser una persona seca sólo por mi madre, ella hacía
todo lo posible para darme de comer y no la podía desanimar, así que tuve que
desarrollar una carcasa que demostrara frialdad”, pensaba mientras aún veía esa
foto… y todos los recuerdos de aquella noche llegaron a mi mente… la forma en
que Erika me miró a los ojos llorando, sus grandes y voluminosas cuencas
penetraron mi alma, me sentía desnudo “Nada de esto es tu culpa por favor”
recuerdo aquellas palabras mientras me colocaba sus cálidas manos en mis
mejillas, yo solo la tenía agarrada por la cintura, pegué mi frente con la de
ella, me seguía mirando, me sentía invadido, era la primera vez que tenía esa
sensación, ella sin previo aviso me abrazó, podía notar como su abrazo me decía
un “te necesito” me quede parado por un segundo y luego la abracé aun más
fuerte, no la quería soltar, sabía que a partir de ese momento nuestras vidas
cambiarían, cada uno se iría por su lado… Después de un continuo pensar me
levanto de la cama y me quito las lágrimas que tenía en la cara, miro todo mi
cuarto, desde ese momento desee que Erika estuviese a mi lado con uno de sus
abrazos que siempre me dejan deseando más. Caminé hasta la puerta y salí de mi
habitación bajé las escaleras y fui hasta la cocina, me preparé unos
sándwiches, jamón, queso, queso amarillo y el pan de sándwich y eso era todo lo
que necesitaba para preparar otro de mis grandes manjares, solo me comí dos por
lo tarde que era y no tenía mucha hambre. Me devolví a mi cuarto y me acosté a
dormir.
Al abrir los
ojos me encontraba en la casa de mi tía, mire hacia todos lados y pude notar que
estaba en la cama del hijo mayor de mi tía, me levante y caminé un poco, bajé
las escaleras y llegue a la sala, ahí estaba ella, jugando con uno de los
gemelos, cabe resaltar que mi tía tiene cuatro hijos, el mayor de once años, el
que le sigue de cuatro años y los dos últimos que son gemelos de tres años.
Hola-
salude, ella alzó la cabeza y aún jugando con el gemelo me respondió un “hola”
muy cálido. Ian el mayor de los gemelos se acercó a mi y me grito “Ane” yo
simplemente dije “hola nian” solía llamarlos por sobrenombres, el mayor le
decía por su nombre Nerio, a Alex le decía aye, a Ian nian y a Isaac le decía
itaa.
Verónica se
levantó y me abrazó, amaba cada vez que hacía eso, yo hice lo mismo y la
abracé, le di un beso en la parte superior de su cabeza, eso simboliza para mi
un siempre te voy a amar, y cabe resaltar que a ella es la única persona que le
doy un beso en la cabeza, las personas que son importantes para mi le doy un
beso en la frente.
Ian se me
acercó y me pidió que lo cargará pero me sentía cansado así que le dije que no, él se puso a llorar, yo le di un leve golpe en la frente lloró aún mas fuerte,
y seguí molestándolo, hasta que fue a donde estaba Verónica, me acusó si podría
decir así su intento de hablar, ella se acerco a mi y trato de pegarme pero le
sostuve la mano en el aire, intentó lo mismo con la otra mano pero también se
la detuve, se me quedó mirando, sonreí, me acerque poco a poco a ella, pegue mi
frente con la de ella, me quede mirando sus grandes ojos una vez mas. Coloqué
mi pie derecho detrás de el de ella, le di un leve empujón y callo a la
alfombra, por suerte era bastante grande y gruesa, así que no se dio muy duro,
yo de igual manera caí con ella sobre la alfombra, me acerque lentamente a su
cálida boca, cerré mi ojos y ella hizo lo mismo, la besé, estaba temblorosa, así que le tomé la mano, pero como siempre… tenían que
llegar los dos hijos de demonio a arruinarlo todo… comencé a jugar con mis
ahijados, ella solo estaba hay acostada sonriendo, “¿será esta mi vida
perfecta? Estar con Verónica…” pensé y luego me desperté.
Miré para
todos lados de la habitación… -odio cuando mis sueños parecen tan reales- pensé
en voz alta, me levanté de la cama y fui hasta el baño, me di una ducha y luego
me cepillé la boca, salí del baño y me puse ropa limpia, miré la hora y eran
las ocho de la mañana, casi siempre me despertaba a esa hora. Bajé las
escaleras y vi a mi madre en la cocina, estaba preparando el desayuno, la
salude. Me senté en el sofá a ver televisión, el día pasó tranquilo. Normalmente
veía deportes, me entretenía ver como esos jugadores sobre todo de fútbol se
caían y daban vueltas en el estadio, era la Eurocopa así que esta jugando
Inglaterra-Italia, comenzaba el juego, estaba entretenido viendo los bailes que
hacían antes de cada encuentro. Me sentía alegre vivir en esa casa, había
pasado más de dieciséis años viviendo en casas alquiladas, mi madre hacía todo
lo posible para pagar todo ella sola… pero ahora que me mudé todo ha cambiado,
mi madre y yo vivimos más felices. Sonó el timbre, así que salí a ver quién
era, me sorprendí al ver a mi padre, este me abrazó, yo mostré indiferencia.
¿Qué haces
por aquí?- pregunté lo mas frío que podía.
Nada, vine a
ver como estaban ustedes- dijo, sonó muy convincente así que lo dejé pasar.
Saludó a mi
madre, se sentó en el sofá como si esa fuese su casa… sinceramente lo detestaba
muy en el fondo… le tenía rencor, por no ser mas maduro por tener tres hijas
mas aparte de mi, y cada hija con una mujer diferente, él me habla de madurez
pero el no llega ni a la mitad de lo que soy yo. Estuvo un rato y luego se
despidió, estaba feliz que se haya ido, así que volví a ver el partido.
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