Sentía como poco a poco los
nervios llenaban cada hueco en mi ser, no sabía que decir, su frágil voz me
volvió a cautivar después de tantos meses sin vernos.
Hola-dije temeroso
Hola… ¿disculpa pero, quién
habla?-
Soy yo… Alexander…-Solo quería
colgar, ¿por que ella causaba esta sensación en mi? Escuche un suspiro largo
por parte de ella y luego el grito.
¡ALEXANDEEEER!-
No tengo mucho tiempo para hablar,
llama a Susan, Sebastián, Marianne, Bárbara y a Louis y diles que los espero en
la feria, hay hablaremos con mas calma- la interrumpí ya que no me gustaba
hablar de cosas importantes o delicadas por teléfono, prefería hacerlo cara a
cara. Colgué el teléfono esperando que ella hiciera lo que le pedí aunque,
después de tanto tiempo defraudándola no creo que vuelva a confiar en mi.
Al llegar al lugar en donde nos
íbamos a reunir me sentía nostálgico, después de tanto tiempo iba a poder ver
nuevamente a las primeras personas que considere mis hermanos, después de tanto
tiempo… camino un poco, el mi jean me quedaba apretado por todo lo que comí,
bueno que podía esperar era una de mis comidas favoritas, pasta con una salsa
blanca que nunca recuerdo su nombre… me miro la ropa, para tratar de arreglarme
un poco, me quería ver lo mejor posible, como después de unos diez minutos
llega un carro y de este se baja Sebastián, corre a abrazarme y yo lo recibo
con un abrazo, él y yo siempre hemos sido muy buenos amigos, pero desde aquella
vez, solo me toca tratarlo como si fuese cualquier persona.
Quedamos los dos, hay parados uno
al lado del otro, estábamos en un silencio absoluto, minutos después llego un
carro, me era muy familiar así que supuse quien podría ser, comencé a correr
hacia la persona que se bajaba del coche, la tome por la cintura y la abrace, ella
estaba de espaldas así que no pudo ver que era yo. La segunda persona que se
estaba bajando del carro me vio de frente y soltó un grito “¡ALEXANDEEEER!” y a
la muchacha que tenía abrazada se volteo y me abrazo también, yo no hacía más
que sonreír, estaba de vuelta con ellos.
Les doy una entrada a los tres que
habían llegado, comenzamos a caminar hacia el parque, Susan y Marianne no
paraban de hacerme preguntas, “¿Dónde has estado?” o “¿Por qué no dijiste
nada?” solo me tocaba responder esas preguntas, nos paramos en frente de un
carrito de perros calientes, ellos pidieron uno para cada, y me ofrecieron pero
me tuve que negar ya que no me gusta la salchicha y no me gustan las salsas.
Les pedí que siguieran caminando
que yo iba a esperar a los demás afuera ellos asintieron y siguieron caminando,
la noche estaba clara sobre todo que no había luna. Me paró en el frente a
esperar a que llegaran el resto de los muchachos, ¿o solo estaba esperando que
llegara Erika?, las ganas de verla, de abrazarla una vez más me destruían por
dentro. Miro hacia atrás y el parque brillaba como nunca vi brillar un lugar,
todo desprendía una sensación de paz y armonía, esta noche iba a ser diferente.
Después de un rato
esperando, comencé a pensar que no iba a venir, miro a mi derecha y veo que un
carro se estaciona a pocos metros de mí, se bajo una muchacha, no superaba los
ciento sesenta centímetros, piel pálida, risos muy definidos. A simple vista ya
sabía quien era, no había cambiado nada en un año, ella camino hasta la entrada
de la feria y yo le seguí el paso por atrás, no me escucho.
No sabes cuanto te extrañe…- le
susurre mientras pegaba mis labios al oído derecho de ella
Yo también te extrañe mucho- bajó
la cabeza, a leguas se podía notar que estaba un poco tímida.
Ven, entremos, ya di las entradas-
la tome por la mano y comenzamos a caminar, ahora es cuando mi cerebro comienza
a pensar en un lugar donde pueda hablar con ella a solas, y de repente es como
si viese un letrero que dice “Aquí”
pegado en la rueda de la fortuna. La lleve casi a arrastras hasta allá,
esperamos en la cola que misteriosamente estaba muy larga.
¿Por qué te fuiste sin decir
nada?-
Porque no quería ser un estorbo
para nadie…- traté de olvidar aquel día, aquellos mensajes que deliberadamente
leí.
¿Pero a quien estorbas?-
¡A ti! ¡por mi culpa has perdido
muchas oportunidades!-
¿Si? ¿Cómo cuales?- dijo con una
sonrisa, tanto ella como yo sabíamos que yo no era el culpable de nada.
Está bien, tienes razón solo que,
siento que ya no me necesitas…- miraba para el cielo, tratando de ver alguna
estrella pero la capa de nubes negras bloqueaban todo.
Déjate de las tonterías, sabes que
yo siempre te voy a necesitar.- me dio un leve golpe en la cabeza, <<eso
es lo que quiero creer, quiero que me necesites, te quiero escuchar decir “te
extrañe” sin que yo te lo diga antes>> pensé mientras nos montábamos en
la mini-cabina de la rueda de la fortuna. Comenzó a subir, cabía resaltar que
yo le temo a las alturas, pero con años de prácticas aprendí a suprimir mis
temores, así que hoy en día no le temo a nada, o al menos eso creo.
Te tengo una pregunta, pero por lo
visto la respuesta no cambiará a la de hace un año atrás- Dejo una pausa- ¿aún
estas enamorado de mi?
Mire hacia el suelo, habíamos
ascendido aproximadamente unos diez metros miro la ciudad que teníamos en
frente y luego la miro a ella, las luces de la ciudad pegaban en sus perfectos
ojos, estos brillaban- Tu forma de ser, tu forma de sonreír, tu inocencia, tu
delicadeza, tus grandes ojos marrones, todo eso me enamoró hace un año y hoy lo
vuelve hacer, así que mi respuesta no deferirá mucho.
Otra cosa que te quería preguntar,
¿por qué guardas tanto misterio? ¿por qué te ibas sin decir nada?-
Por el simple hecho de que no me
gustaba sufrir, no me gustaba sentir celos, tu no sabes que es estar celoso, es
como si quisieras proteger algo que sabes que nunca será tuyo y aún así quieres
quedártelo, que nadie se interponga entre ti y esa persona, bueno yo me siento
así cada vez que te veo con Gabriel, Sebastián, con todos. Quiero que te des
cuenta de que yo también existo, de que siempre estoy a tu lado, quiero que
veas que también soy una persona y tengo sentimientos, quiero escucharte decir
un “Gracias” con una de tus hermosas sonrisas, ya no quiero ser el último en tus
listas- comenzaba a salirme del tema, pero estaba cansado de tener esto en el
fondo de mi pecho- ¡sí! me llamaste la atención el primer día que te vi, pero
no sabía que tipo de persona eras y no me acercaba, hasta noveno grado… ¡hey!
Gracias a ti supe que era amar a una hermana y tú me conoces mejor que nadie, no
te quiero dejar ir- me di cuenta que el ciclo de la rueda estaba terminando así
que dentro de poco teníamos que bajarnos, la mire a los ojos, ella hizo lo
mismo, me acerque poco a poco, coloqué mi mano izquierda en la parte baja de su
barbilla, cerré lentamente mis ojos mientras mi cara se acercaba a ella, antes
de que mis ojos se cerraran pude ver la mano de Erika dirigiéndose a mi rostro,
luego sentí un leve golpe, intento de cachetada, termine posando mis labios
sobre los de ella, esto era lo que buscaba durante los dos últimos años, sentir
esos carnosos labios juntos a los míos.
Tortolitos, bájense hay otras
personas que se quieren montar- dijo el técnico que operaba la rueda de la
fortuna, lentamente me separé de ella pude notar que estaba totalmente roja, su
tono pálido había cambiado a un rosa leve. Antes de bajarme decidí volver en mí
y dejar de pensar en cosas que nunca pasaran, la observe y ella aún tenía esa
sonrisa en su cara. Todo había sido producto de mi imaginación, camine al lado
de Erika por un rato, estábamos viendo las cosas que habían en la feria los
juegos, los premios, todo.
Quiero ese oso panda- me dijo
señalando un oso como de un metro de alto- ¡tómalo!
Yo asentí y hable con el señor, me
dio unas dagas, cuatro para ser exacto y tenia que lanzarlas en unos blancos
que estaban al fondo de la habitación, lo intenté y al lanzar la daga el
objetivo se movió bruscamente, era obvio que estaba haciendo trampa, lancé otra
daga pero no era para blanco, si no que la fallé al propósito, pero el blanco
no se movió.
Hey, dame dos dagas mas- le dije
al señor y me las dio, mire al suelo y había cuatro piedras pequeñas, las tome.
Lancé una piedra y seguido lancé la daga, como pensé, el blanco tiene un sensor
que cuando un objeto se acerca se mueve hacia la izquierda, pero ese sensor
tiene un tiempo de recarga, así que no pudo esquivar mi daga, hice lo mismo con
los otros tres y me dieron el osos que sin dudarlo se lo di a Erika. Seguimos
caminando, vimos donde estaban todos reunidos, me despedí de ella con un beso
en la mejilla derecha mientras le medio pellizcaba el cachete izquierdo.
Te amo- le susurre al oído.
Te quiero- me respondió con una
sonrisa.