viernes, 28 de septiembre de 2012

Capítulo 3


Sentía como poco a poco los nervios llenaban cada hueco en mi ser, no sabía que decir, su frágil voz me volvió a cautivar después de tantos meses sin vernos.

Hola-dije temeroso

Hola… ¿disculpa pero, quién habla?-

Soy yo… Alexander…-Solo quería colgar, ¿por que ella causaba esta sensación en mi? Escuche un suspiro largo por parte de ella y luego el grito.

¡ALEXANDEEEER!-

No tengo mucho tiempo para hablar, llama a Susan, Sebastián, Marianne, Bárbara y a Louis y diles que los espero en la feria, hay hablaremos con mas calma- la interrumpí ya que no me gustaba hablar de cosas importantes o delicadas por teléfono, prefería hacerlo cara a cara. Colgué el teléfono esperando que ella hiciera lo que le pedí aunque, después de tanto tiempo defraudándola no creo que vuelva a confiar en mi.

Al llegar al lugar en donde nos íbamos a reunir me sentía nostálgico, después de tanto tiempo iba a poder ver nuevamente a las primeras personas que considere mis hermanos, después de tanto tiempo… camino un poco, el mi jean me quedaba apretado por todo lo que comí, bueno que podía esperar era una de mis comidas favoritas, pasta con una salsa blanca que nunca recuerdo su nombre… me miro la ropa, para tratar de arreglarme un poco, me quería ver lo mejor posible, como después de unos diez minutos llega un carro y de este se baja Sebastián, corre a abrazarme y yo lo recibo con un abrazo, él y yo siempre hemos sido muy buenos amigos, pero desde aquella vez, solo me toca tratarlo como si fuese cualquier persona.

Quedamos los dos, hay parados uno al lado del otro, estábamos en un silencio absoluto, minutos después llego un carro, me era muy familiar así que supuse quien podría ser, comencé a correr hacia la persona que se bajaba del coche, la tome por la cintura y la abrace, ella estaba de espaldas así que no pudo ver que era yo. La segunda persona que se estaba bajando del carro me vio de frente y soltó un grito “¡ALEXANDEEEER!” y a la muchacha que tenía abrazada se volteo y me abrazo también, yo no hacía más que sonreír, estaba de vuelta con ellos.

Les doy una entrada a los tres que habían llegado, comenzamos a caminar hacia el parque, Susan y Marianne no paraban de hacerme preguntas, “¿Dónde has estado?” o “¿Por qué no dijiste nada?” solo me tocaba responder esas preguntas, nos paramos en frente de un carrito de perros calientes, ellos pidieron uno para cada, y me ofrecieron pero me tuve que negar ya que no me gusta la salchicha y no me gustan las salsas.

Les pedí que siguieran caminando que yo iba a esperar a los demás afuera ellos asintieron y siguieron caminando, la noche estaba clara sobre todo que no había luna. Me paró en el frente a esperar a que llegaran el resto de los muchachos, ¿o solo estaba esperando que llegara Erika?, las ganas de verla, de abrazarla una vez más me destruían por dentro. Miro hacia atrás y el parque brillaba como nunca vi brillar un lugar, todo desprendía una sensación de paz y armonía, esta noche iba a ser diferente.
         Después de un rato esperando, comencé a pensar que no iba a venir, miro a mi derecha y veo que un carro se estaciona a pocos metros de mí, se bajo una muchacha, no superaba los ciento sesenta centímetros, piel pálida, risos muy definidos. A simple vista ya sabía quien era, no había cambiado nada en un año, ella camino hasta la entrada de la feria y yo le seguí el paso por atrás, no me escucho.

No sabes cuanto te extrañe…- le susurre mientras pegaba mis labios al oído derecho de ella

Yo también te extrañe mucho- bajó la cabeza, a leguas se podía notar que estaba un poco tímida.

Ven, entremos, ya di las entradas- la tome por la mano y comenzamos a caminar, ahora es cuando mi cerebro comienza a pensar en un lugar donde pueda hablar con ella a solas, y de repente es como si viese un letrero que dice “Aquí”  pegado en la rueda de la fortuna. La lleve casi a arrastras hasta allá, esperamos en la cola que misteriosamente estaba muy larga.

¿Por qué te fuiste sin decir nada?-

Porque no quería ser un estorbo para nadie…- traté de olvidar aquel día, aquellos mensajes que deliberadamente leí.

¿Pero a quien estorbas?-

¡A ti! ¡por mi culpa has perdido muchas oportunidades!-

¿Si? ¿Cómo cuales?- dijo con una sonrisa, tanto ella como yo sabíamos que yo no era el culpable de nada.

Está bien, tienes razón solo que, siento que ya no me necesitas…- miraba para el cielo, tratando de ver alguna estrella pero la capa de nubes negras bloqueaban todo.

Déjate de las tonterías, sabes que yo siempre te voy a necesitar.- me dio un leve golpe en la cabeza, <<eso es lo que quiero creer, quiero que me necesites, te quiero escuchar decir “te extrañe” sin que yo te lo diga antes>> pensé mientras nos montábamos en la mini-cabina de la rueda de la fortuna. Comenzó a subir, cabía resaltar que yo le temo a las alturas, pero con años de prácticas aprendí a suprimir mis temores, así que hoy en día no le temo a nada, o al menos eso creo.

Te tengo una pregunta, pero por lo visto la respuesta no cambiará a la de hace un año atrás- Dejo una pausa- ¿aún estas enamorado de mi?

Mire hacia el suelo, habíamos ascendido aproximadamente unos diez metros miro la ciudad que teníamos en frente y luego la miro a ella, las luces de la ciudad pegaban en sus perfectos ojos, estos brillaban- Tu forma de ser, tu forma de sonreír, tu inocencia, tu delicadeza, tus grandes ojos marrones, todo eso me enamoró hace un año y hoy lo vuelve hacer, así que mi respuesta no deferirá mucho.

Otra cosa que te quería preguntar, ¿por qué guardas tanto misterio? ¿por qué te ibas sin decir nada?-

Por el simple hecho de que no me gustaba sufrir, no me gustaba sentir celos, tu no sabes que es estar celoso, es como si quisieras proteger algo que sabes que nunca será tuyo y aún así quieres quedártelo, que nadie se interponga entre ti y esa persona, bueno yo me siento así cada vez que te veo con Gabriel, Sebastián, con todos. Quiero que te des cuenta de que yo también existo, de que siempre estoy a tu lado, quiero que veas que también soy una persona y tengo sentimientos, quiero escucharte decir un “Gracias” con una de tus hermosas sonrisas, ya no quiero ser el último en tus listas- comenzaba a salirme del tema, pero estaba cansado de tener esto en el fondo de mi pecho- ¡sí! me llamaste la atención el primer día que te vi, pero no sabía que tipo de persona eras y no me acercaba, hasta noveno grado… ¡hey! Gracias a ti supe que era amar a una hermana y tú me conoces mejor que nadie, no te quiero dejar ir- me di cuenta que el ciclo de la rueda estaba terminando así que dentro de poco teníamos que bajarnos, la mire a los ojos, ella hizo lo mismo, me acerque poco a poco, coloqué mi mano izquierda en la parte baja de su barbilla, cerré lentamente mis ojos mientras mi cara se acercaba a ella, antes de que mis ojos se cerraran pude ver la mano de Erika dirigiéndose a mi rostro, luego sentí un leve golpe, intento de cachetada, termine posando mis labios sobre los de ella, esto era lo que buscaba durante los dos últimos años, sentir esos carnosos labios juntos a los míos.

Tortolitos, bájense hay otras personas que se quieren montar- dijo el técnico que operaba la rueda de la fortuna, lentamente me separé de ella pude notar que estaba totalmente roja, su tono pálido había cambiado a un rosa leve. Antes de bajarme decidí volver en mí y dejar de pensar en cosas que nunca pasaran, la observe y ella aún tenía esa sonrisa en su cara. Todo había sido producto de mi imaginación, camine al lado de Erika por un rato, estábamos viendo las cosas que habían en la feria los juegos, los premios, todo.

Quiero ese oso panda- me dijo señalando un oso como de un metro de alto- ¡tómalo!

Yo asentí y hable con el señor, me dio unas dagas, cuatro para ser exacto y tenia que lanzarlas en unos blancos que estaban al fondo de la habitación, lo intenté y al lanzar la daga el objetivo se movió bruscamente, era obvio que estaba haciendo trampa, lancé otra daga pero no era para blanco, si no que la fallé al propósito, pero el blanco no se movió.

Hey, dame dos dagas mas- le dije al señor y me las dio, mire al suelo y había cuatro piedras pequeñas, las tome. Lancé una piedra y seguido lancé la daga, como pensé, el blanco tiene un sensor que cuando un objeto se acerca se mueve hacia la izquierda, pero ese sensor tiene un tiempo de recarga, así que no pudo esquivar mi daga, hice lo mismo con los otros tres y me dieron el osos que sin dudarlo se lo di a Erika. Seguimos caminando, vimos donde estaban todos reunidos, me despedí de ella con un beso en la mejilla derecha mientras le medio pellizcaba el cachete izquierdo.

Te amo- le susurre al oído.

Te quiero- me respondió con una sonrisa.

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